Una de las cosas que más asombraban y admiraban a mi querido padre era la inocencia de los niños, esa pureza que todavía no había sido destrozada por las tantas veces erróneas acciones de los adultos: «¡la inocencia de los niños!», repetía, invariablemente, cada vez que la vida lo ponía ante una de esas bonitas situaciones.
Quiero destacar, por una parte, que esto lo situaba como aprendiz de ese niño, convirtiendo en maestro al pequeño; por otra, que elevaba la inocencia a virtud, en este mundo en el que se la considera defecto.
Para ti, Papá; hoy, que se cumplen siete años de tu partida, siete años desde que comenzaste a estar con nosotros de otro modo. Te seguimos queriendo.
Estamos más que acostumbrados a escuchar en las películas (estadounidenses) referencias a la Quinta Enmienda. Hablamos hoy de qué es una enmienda y en qué consiste esa famosa Quinta Enmienda.
Una enmienda es un texto que, de algún modo, corrige otro texto. Es decir, en el caso particular que nos ocupa, una «enmienda» a la Constitución de los Estados Unidos de América es un texto que corrige algún fragmento de la Constitución.
En concreto, la Quinta Enmienda nos indica que nadie puede ser condenado sin jurado, que nadie puede estar obligado a declarar contra sí mismo, que nadie puede ser condenado dos veces por un mismo delito, que no se le puede arrebatar su propiedad sin una compensación justa. Copiando literalmente:
No person shall be held to answer for a capital, or otherwise infamous crime, unless on a presentment or indictment of a Grand Jury, except in cases arising in the land or naval forces, or in the Militia, when in actual service in time of War or public danger; nor shall any person be subject for the same offense to be twice put in jeopardy of life or limb; nor shall be compelled in any criminal case to be a witness against himself, nor be deprived of life, liberty, or property, without due process of law; nor shall private property be taken for public use, without just compensation.
Texto original de la Quinta Enmienda, según https://es.wikipedia.org/wiki/Quinta_Enmienda_a_la_Constituci%C3%B3n_de_los_Estados_Unidos
Ninguna persona estará obligada a responder de un delito castigado con la pena capital, o con cualquier otra pena, salvo en la presencia o acusación de un Gran Jurado, a excepción de los casos que se presenten en las fuerzas de mar o tierra o en la milicia, cuando se encuentre en servicio activo en tiempo de guerra o peligro público; ni ninguna persona estará sujeta, por la misma ofensa, a ser puesta dos veces en peligro de perder la vida o la integridad física; ni se le forzará a declarar contra sí misma en ningún juicio criminal; ni se le privará de la vida, la libertad o la propiedad sin el debido proceso legal; ni se ocupará su propiedad privada para uso público sin una justa indemnización.
Traducción del texto anterior, según https://es.wikipedia.org/wiki/Quinta_Enmienda_a_la_Constituci%C3%B3n_de_los_Estados_Unidos
Con frecuencia utilizo esta expresión cuando tengo la oportunidad de degustar y disfrutar los muchos placeres culinarios que nos regala la vida. Y hoy vamos a saber qué es -qué era- la ambrosía.
Aunque no hay un consenso entre los expertos, sí parecen coincidir en que la ambrosía era la comida y bebida de los dioses (y con ese sentido la uso). Las diferencias entre estudiosos se centran más en el origen y significado de la palabra: entre otras opciones, una teoría indica que significa «inmortalidad», de ἀμ- (an-, ‘no’) y βροτός (brotόs, ‘mortal’); otra teoría nos habla que viene de la palabra ámbar.
Sea como fuere, os invito a usar esa preciosa palabra cuando os encontréis ante un alimento que haga las delicias de vuestro paladar.
En concreto, la frase que utilizamos es del tipo «esto no es la panacea» pero, ¿qué diantres es eso de «panacea»?
Panacea era una diosa menor de la mitología griega, dedicada a la salud (algunos de sus hermanos también estaban relacionados con esa disciplina). Panacea tenía una poción que curaba todas las enfermedades. Y de ahí viene el uso actual de la palabra: una panacea es una solución para multitud de problemas.
Panacea ayuda al enfermo. Detalle de un grabado del médico veronés J. Gazola (1716). De J. Gazola (18th century) – Transferred from en.wikipedia., Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=3579305
Nos parece lógico que las unidades de medida estén estandarizadas, de forma que sea fácil saber de qué longitud, superficie o volumen estamos hablando. Y llevamos siglos intentando lograr esa estandarización. En concreto, en España, lo llevamos intentando desde antes de ser España: el primero fue Alfonso X El Sabio, en el siglo XIII. Y la que lo logró fue Isabel II, a mediados del XIX.
Lo logró Isabel II, decía, hace casi dos siglos. Pero no del todo: junto con medidas que valen lo mismo aquí que en Palencia, en Galicia -al menos, en Galicia- tenemos medidas relacionadas con la productividad de un terreno (el ferrado, recipiente herrado -para que no sea fácil trucarlo- que puede albergar una cantidad de cosecha) o con lo que cuesta trabajarlo (la cavadura).
Debido a la variabilidad, un ferrado del Morrazo (472 m2) no es lo mismo que un ferrado de, por ejemplo, Mondoñedo (612 m2). Desconocemos si también hay grandes diferencias en la capacidad de trabajo entre los morracenses y los otras zonas, pero no nos extrañaría.
Y como no podía ser de otro modo, este post va para mi suegro Pepe. :*
Desde que nuestro querido tío Cándido nos contó que Toledo le habló, esa ciudad se convirtió en visita obligada (no solamente por nuestro tío, sino por la cantidad de referencias leídas, vistas y escritas que nos habían llegado de esa asombrosa ciudad). Si Toledo es obligatorio, también lo es visitar su catedral si visitas la ciudad. Y, desde luego, quien visita la catedral no puede salir de ella sin disfrutar del asombroso Transparente construido (y esculpido, y pintado) por Narciso Tomé y sus hijos.
By Jvleo – Own work, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=81070276
Su función es simple: lograr que llegue luz al sagrario. Pero la forma que eligió Tomé para lograrlo es única: un retablo de mármol en donde podemos ver tanto el sol por el que entra la luz como figuras y escenas que representan a los arcángeles Miguel, Gabriel, Rafael y Uriel; la última cena y la imposición de la casulla a San Ildefonso. Y más arriba, podemos ver una bóveda con pinturas al fresco con algunas escenas y personajes del Antiguo Testamento. Personalmente, debo decir que esa bóveda es la parte que más me fascina.
El deporte -el fútbol en este caso- siempre nos deja detalles que nos hacen recuperar toda la fe en el ser humano. Quiero compartir con vosotros dos ejemplos, preciosos, que han llegado a mí en los últimos días.
El primero es este honesto gesto de Felix Bastians, indicándole al árbitro que ese penalti que les estaba pitando y les favorecía, no era tal cosa:
El segundo, este precioso gesto de un equipo en el funeral de Alexander, uno de sus compañeros. Su último gol.
El último gol de Alexander, el joven del filial de Rayados asesinado por la policía en México cuando se disponía a ir comprar unos refrescos en una tienda. Sus amigos y compañeros le homenajearon de esta manera pic.twitter.com/2qC3EsnljN
La anécdota que se cuenta nos dice que había terminado la cena en aquel restaurante. Y llegó la hora de pagar. Y nuestro Pablo vio la ocasión de ahorrarse la cena, proponiéndole al dueño del local hacer un dibujo y dar con ello pagada la cena. Una vez terminado, el restaurador le pidió al artista que lo firmara. La respuesta nos cuenta todo:
Ayer se celebró el Día Mundial contra el Trabajo Infantil, una lacra que está lejos de verse erradicada. Por suerte, es cada vez menos habitual en muchos países. Hace casi un siglo, Miguel Hernández, el poeta pastor, creo este estremecedor poema, en el que acertadamente deposita en los adultos la responsabilidad de acabar con ese abuso.
Carne de yugo, ha nacido más humillado que bello, con el cuello perseguido por el yugo para el cuello.
Nace, como la herramienta, a los golpes destinado, de una tierra descontenta y un insatisfecho arado.
Entre estiércol puro y vivo de vacas, trae a la vida un alma color de olivo vieja ya y encallecida.
Empieza a vivir, y empieza a morir de punta a punta levantando la corteza de su madre con la yunta.
Empieza a sentir, y siente la vida como una guerra y a dar fatigosamente en los huesos de la tierra.
Contar sus años no sabe, y ya sabe que el sudor es una corona grave de sal para el labrador.
Trabaja, y mientras trabaja masculinamente serio, se unge de lluvia y se alhaja de carne de cementerio.
A fuerza de golpes, fuerte, y a fuerza de sol, bruñido, con una ambición de muerte despedaza un pan reñido.
Cada nuevo día es más raíz, menos criatura, que escucha bajo sus pies la voz de la sepultura.
Y como raíz se hunde en la tierra lentamente para que la tierra inunde de paz y panes su frente.
Me duele este niño hambriento como una grandiosa espina, y su vivir ceniciento revuelve mi alma de encina.
Lo veo arar los rastrojos, y devorar un mendrugo, y declarar con los ojos que por qué es carne de yugo.
Me da su arado en el pecho, y su vida en la garganta, y sufro viendo el barbecho tan grande bajo su planta.
¿Quién salvará a este chiquillo menor que un grano de avena? ¿De dónde saldrá el martillo verdugo de esta cadena?
Que salga del corazón de los hombres jornaleros, que antes de ser hombres son y han sido niños yunteros.
Este poema fue musicado por Serrat en 1972. Os dejo también un vídeo con la canción.