Soy sólo una mujer

Soy sólo una mujer y ya es bastante,
con tener una chiva, una tartana
un “bendito sea Dios” por la mañana
y un mico en el pescante.

Yo quisiera haber sido delineante
o delirante. Safo sensitiva
y heme,
aquí
que soy una perdida
entre tanto mangante.
Lo digo para todo el que me lea,
quise ser capitán, sin arma alguna,
depositar mis versos en la luna
y un astronauta me pisó la idea.

De PAZ por esos mundos quise ser traficante
-me detuvieron por la carretera-
soy sólo una mujer, de cuerda entera,
soy sólo una mujer, y ya es bastante.

(Gloria Fuertes)

Feliz día de la mujer trabajadora.

La gran-gran-Madre

Hoy os voy a hablar de Uba, mi abuela política. Ni ella se considera especial, ni quizá lo sea (aunque yo -no solamente yo- creo que sí lo es). Os podría contar mil cosas de ella, pero hoy quiero poner el acento en su capacidad de nutrir y de criar.

Tenéis que ubicaros en la España de finales de la posguerra, y ahí encontraréis a Uba criando a sus hijas. Nada especialmente reseñable, por ahora. Pero si avanzamos unos veinte-treinta años en el tiempo, encontraremos a Uba cuidando a sus nietos. Y si avanzamos otros quince-veinte años, la veremos cuidando de su madre. Estamos ante una mujer que ha cuidado a tres generaciones (cuatro, si contamos el cuidado de su marido; cinco, si contamos la atención que presta a sus bisnietos).

Mujeres como ella, capaces de nutrir a tres (o cuatro, o cinco) generaciones, son las que consiguen tejer la urdimbre de este mundo. Creo que toda la Humanidad está en deuda con estas mujeres que, sin poder acceder a un trabajo en las mismas condiciones que los hombres, sin poder participar en las elecciones de sus países, sin poder estudiar carreras, siendo maltratadas en muchos casos, han mantenido los lazos invisibles que hacen que este mundo todavía merezca la pena.

Ahora mismo Uba está recuperándose de una operación e, independientemente de su salud, las personas que conforman esas cinco generaciones siguen ocupando su mente. Porque ella sigue nutriendo a todos, incluso desde su cama en el hospital.

Mi hijo tiene una maravillosa bisabuela, una gran-gran-Madre que sigue sonriendo cada vez que le llevamos las ocurrencias, los juguetes y los besos que él nos da para ella, para la bisa Uba.

Para Uba, y para los miembros de esas cinco generaciones a quienes tanto quiero.