Nunca juzgues a nadie

El joven, ya mediada la veintena, contemplaba absorto el paisaje que se presentaba tras la ventanilla del tren, mientras desgranaba en palabras su emoción: mira, papá, los árboles pasan muy rápido; mira, papá, las nubes se mueven; mira, papá, la luna viene con nosotros.

La pareja de enfrente, entre burlona y avergonzada, acabó por indicarle al padre la conveniencia de llevar a su hijo a un buen médico, pues todos sabemos que lo que estaba haciendo no era normal.

El padre, con la sonrisa y la paz que otorgan los años y el haber acertado, y rebosando felicidad, les hizo saber a ambos miembros de la pareja que ya venían de un médico estupendo, y que aquel niño que había nacido ciego, estaba hoy estrenando el mundo con sus ojos.

De excusas y capacidades

Esta mañana he leído en el siempre recomendable timeline de Twitter de Luis Merlo (@luismerlo_actor) esta cita:

Las personas que son buenas para poner excusas rara vez son buenas para cualquier otra cosa.

(Benjamin Franklin)

La inocencia de los niños

Una de las cosas que más asombraban y admiraban a mi querido padre era la inocencia de los niños, esa pureza que todavía no había sido destrozada por las tantas veces erróneas acciones de los adultos: «¡la inocencia de los niños!», repetía, invariablemente, cada vez que la vida lo ponía ante una de esas bonitas situaciones.

Quiero destacar, por una parte, que esto lo situaba como aprendiz de ese niño, convirtiendo en maestro al pequeño; por otra, que elevaba la inocencia a virtud, en este mundo en el que se la considera defecto.

Para ti, Papá; hoy, que se cumplen siete años de tu partida, siete años desde que comenzaste a estar con nosotros de otro modo. Te seguimos queriendo.

Conservando el logo sin dañar el entorno: un McDonald’s en Salzburgo

Posiblemente el peor efecto de la globalización es, efectivamente… la globalización. Nos uniformiza, de modo que en cualquier sitio podemos encontrar un Zara, un KFC, una McDonald’s o una Coca Cola fresquita.

En la obligatoria ciudad austriaca de Salzburgo, paseando por sus bonitas calles, podemos encontrar -cómo no-, un McDonald’s. ¿No os parece admirable lo bien integrado que está con el entorno?

Photo: Andreas Praefcke / CC BY (https://creativecommons.org/licenses/by/3.0)