Archivo por meses: diciembre 2020

Terminando el año 2020

Aunque siempre tengo presente que lo de los cambios de año no es más que un convenio, no es mal momento para analizar el pasado reciente y preparar los próximos meses.

Hace un año me marqué como objetivos aprender todos los días algo de inglés y grandes, escribir un post diario y conseguir volver a correr 30’ seguidos, intentando recorrer al menos 5km.

No he logrado lo de correr (y no ha sido por el confinamiento, sino por mi culpa), pero sí he logrado los otros tres… y muchas más cosas.

Así que feliz con ello.

Que terminéis bien el año, queridos.

El desengaño, de Francesco Queirolo

El pescador está atrapado en una red y, gracias a un ángel, consigue liberarse de ella. Imposible de realizar en un bloque de mármol. Hasta que llegó nuestro protagonista genovés.

Y aquí, su obra maestra. Toda de mármol, no lo olvidéis.

David Sivyer, CC BY-SA 2.0 https://creativecommons.org/licenses/by-sa/2.0, via Wikimedia Commons

Ubaldina, tes aquí o teu neto

La vida no quiso que tuviera abuelos (varones, sí he tenido dos abuelas maravillosas), pero esa misma vida me ha regalado al mejor abuelo que podría soñar: el abuelo Isaac, abuelo de Clara.

Siempre me gusta recordar la primera frase que le escuché en mi vida, dirigiéndose a su mujer, un día de finales de primavera -yo había ido a casa de Clara a echar una mano con un tema informático de Vane-: “Ubaldina, tes aquí o teu neto”.

Y no puedo más que estar agradecido y orgulloso de haber sido tu nieto, Isaac. No hay mejor homenaje que heredar las virtudes de quienes nos antecedieron.

Ojalá llegarte a los talones, abuelo.

Siempre el mismo examen

En la carrera, ya en ese último año el que hemos -o eso creíamos- visto de todo, en la asignatura de Cibernética, teníamos un profesor que siempre ponía el mismo examen. Y, además, lo decía al comienzo del curso. La pregunta -única- del examen era la siguiente:

Cuéntame todo lo que sepas de la asignatura.

Solamente había una diferencia y una falta de certidumbre: el tiempo que el profesor dejaba para resolver tal pregunta, porque no es lo mismo que tengas media hora para responder que que tengas cinco horas.

Y, con eso, el profesor podía saber perfectamente tu dominio de esa materia.

La tregua de Navidad

Ya hemos hablado en alguna ocasión de aquel balón que paró una guerra. Hoy volvemos a traer esa bonita escena de una navidad en las trincheras de la Primera Guerra Mundial: añorados y alemanes, villancicos, regalos, fotografías, partidos de fútbol y hasta cortes de pelo.

Porque la Navidad (todo el año, realmente) es para compartir. Y porque siempre lo que nos une es más que lo que nos separa.

Felicidades, Sainsbury’s por este estupendo spot.

Pónmelo más fácil

Está claro que cada vez la tecnología busca ponernos las cosas más fáciles (y así debe ser). Tenemos un ejemplo estupendo en la forma de introducir contraseñas, que ha pasado por diferentes etapas:

  1. Introduces los caracteres de la contraseña, pero no aparece nada en pantalla durante ese proceso.
  2. Introduces los caracteres de la contraseña y aparecen asteriscos con cada carácter.
  3. Se añade la opción de «mostrar contraseña».

Con cierta relación, y buscando ampliar la seguridad, también se ofrecen las siguientes opciones:

  • resolver un captcha (letras, números, imágenes).
  • resolver un captcha (haciendo click en un checkbox).
  • resolver un captcha (sin necesidad de hacer click).
  • solicitar un mensaje al móvil para confirmar el acceso.

¿Nos atonta la tecnología? Espero que no, pero no lo tengo claro.

El príncipe de la niebla, de Carlos Ruiz Zafón

Nunca había leído nada de este autor, y ha sido precisamente en el año de su fallecimiento cuando me he acercado por vez primera a su obra. Gracias a mi hijo Dani: era una de las lecturas propuestas para este curso en su asignatura de Literatura y me lo recomendó. Y acepté su recomendación.

Es una obra para un público “juvenil”, si es que existen obras de ese tipo (el propio Ruiz Zafón huía de ese tipo de etiquetas), y nos describe las aventuras de una familia que, por culpa de la guerra (Segunda Guerra Mundial), decide mudarse a un tranquilo pueblo costero. Allí comienzan a suceder una serie de acontecimientos extraños que desembocan en un desenlace (al menos para mí, que hace mucho que no soy público juvenil), inesperado. He disfrutado leyendo este libro, y creo que eso es siempre el mejor cumplido que puede hacerse.

Más allá del argumento y de los sucesos extraños, hay algo que me ha encantado del libro: el uso tan maravilloso que hace del lenguaje. En estos tiempos en los que tendemos a simplificar al máximo lo que ofrecemos a nuestros jóvenes, tratándolos como si fueran tontos y logrando que no se ofendan por ello, El Príncipe de la Niebla no escatima detalles, adjetivos y expresiones que otros considerarían inapropiados para estas edades en las que juegan a juegos de mayores de 18 pero huyen de libros para mayores de 8.

Porque la única forma de subir una escalera es haciendo que cada escalón esté un poco más alto que el anterior.

Doy las gracias a Dani y a Patricia, su profesora de Lengua y Literatura, por haberme acercado esta obra.

El amor de (o por) las tres naranjas, de Prokofiev

Esta obra del compositor ucraniano Sergei Prokofiev, basada en una fábula italiana de mediados del XVIII, nos cuenta la condena de un joven príncipe: debe viajar a lejanas tierras buscando tres naranjas. Tres naranjas que son, realmente, tres princesas. Pero no es el argumento el que trae esta ópera hoy aquí, sino su música. Y su parecido con la Marcha Imperial. Nos cuenta que inspiró a John Williams. ¿Qué opináis?

San Bruno de la Cartuja de Miraflores, en Burgos

Cuando visitéis Burgos, por favor, además de visitar esa catedral cuya visión encoge el alma, procurad acercaros a la Cartuja de Miraflores (que no está en la ciudad, pero sí muy cerquita).

No es lo único ni lo mejor que podréis admirar allí, pero hoy quiero que nos detengamos en una obra del escultor portugués Manuel Pereira: San Bruno. Es absolutamente perfecto. De él se dice que solamente le falta hablar, pero no que no habla porque…

No habla porque es cartujo.

De Angelpazos – Trabajo propio, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=45401810