Ubaldina, tes aquí o teu neto

La vida no quiso que tuviera abuelos (varones, sí he tenido dos abuelas maravillosas), pero esa misma vida me ha regalado al mejor abuelo que podría soñar: el abuelo Isaac, abuelo de Clara.

Siempre me gusta recordar la primera frase que le escuché en mi vida, dirigiéndose a su mujer, un día de finales de primavera -yo había ido a casa de Clara a echar una mano con un tema informático de Vane-: “Ubaldina, tes aquí o teu neto”.

Y no puedo más que estar agradecido y orgulloso de haber sido tu nieto, Isaac. No hay mejor homenaje que heredar las virtudes de quienes nos antecedieron.

Ojalá llegarte a los talones, abuelo.

Tú eres Abraham

Hace unos días, a raíz de este cuadro de Valdés Leal, sugerido por mi amigo Álvaro Espejo, surgió un comentario habitual ante esta escena bíblica: «menudo padre, sacrificando a su hijo porque Dios se lo pide».Juan de Valdés Leal , Sacrifice of Isaac 01

Y, como de costumbre, ahondamos en el tema, porque es la paternidad un tema que nos interesa. Y hablamos de que el Dios Sociedad a veces te pide que sacrifiques a tu hijo entregándolo a un colegio, aunque haya otras formas de educarlo. Y hablamos de que el Dios Dinero a veces te pide que sacrifiques a tu hijo yéndote tú a trabajar, aunque haya otras formas de vivir.

Y, visto así, o Abraham deja de ser malo… o pasamos todos a serlo.