La ventaja de tirar primero

Desde siempre (o, al menos, desde hace mucho) se sabe que, en general, es mejor tirar primero en las tandas de penalti. Analizando los resultados históricos, hay un porcentaje superior de victorias para los equipos que comienzan lanzando.

La primera vez que tuve conciencia de esto fue leyendo el libro Tarjeta Roja, del gran portero alemán Toni Schumacher.

¿Mi explicación?

– lo lógico, al tirar un penalti, es marcar. Así que lo razonable es que el que tira primero… comience marcando.
– ir a remolque es un pequeño problema, así que el que tira en segunda posición tiene una presión extra.

El objetivo de la educación

Muchas veces pensamos que el niño bien educado es aquel que, aun siendo niño, se comporta como un «hombrecito». En mi opinión, nada más lejos de la realidad. La educación es un carrera de fondo cuyo objetivo es que ese niño sea una gran persona toda su vida.

Lo que no me contaron

Me habían contado -y me había imaginado- que la muerte de un padre era una de las experiencias más tristes que se pueden vivir.

Pero nadie me había dicho que cada vez que mirara hacia casa no ibas a estar en el balcón. Ni que al caminar por el paseo nunca te iba a encontrar. Ni que en Balaídos no iba a escuchar tu voz celebrando los goles del Celta. Ni que con cada problema no iba a poder llamarte. Ni que no te iba a poder contar cada anécdota. Ni que ya no te iba a poder leer más poesía. Ni que no ibas a volver a escuchar las risas de tus nietos. Ni que no volvería a disfrutar tu risa con cada chiste. Ni que no ibas a volver a marcarme ningún gol más, con ese efecto que sólo tú sabías darle. Ni que te iba a echar de menos en cada momento de mi vida.

Ciertamente, nadie me había contado todo eso.

Pero tampoco me dijeron que, en realidad, ese balcón iba a seguir teniéndote y que seguiría viendo tu sonrisa desde la calle. Y que ahora, cada vez que camino por el paseo, allí estás. El otro día fuimos a Balaídos; y allí pudimos escucharte (vamos a hacer una buena temporada, ¿verdad?). Y cada vez que tengo un problema, no sólo te llamo, sino que me lo resuelves como nunca. Y cada anécdota que me pasa ya no te la cuento una, te la cuento mil veces. Y con cada verso que leo, sigues asintiendo con la cabeza (y opinando al terminar). Y tus nietos saben que cada una de sus risas es escuchada por ti, porque tú estás en esas risas. Y con cada chiste, sigo disfrutando de tu risa y de tus comentarios. Y yo seguiré disparando a puerta con Dani, intentando imitar tu toque. Y resulta que ahora, en cada momento de mi vida, no es que te eche de menos: es que estás -aún- más presente que nunca.

Me habían dicho que te ibas a morir, pero nadie me contó que ibas a seguir siempre vivo.

Aprendiendo con el Mundial

La Copa del Mundo de fútbol -como todo en esta vida si lo enfocamos bien- nos puede enseñar muchísimas cosas. Y no estoy hablando solamente valores como lucha, esfuerzo, premio al trabajo bien hecho y demás. Hablo de algo más prosaico, pero también muy interesante, que quizá os guste hacer si tenéis niños (o no: a ver quién se sabe la capital de Costa de Marfil).

Cada día, con un mapa del mundo, podemos leer qué partidos se juegan (estos días son tres partidos cada día), y localizarlos en el mapa. De paso, nos aprendemos las capitales.

Y luego viene la parte de anotar los resultados, de sumar puntos, de analizar las diferencias de goles si hay empates a puntos…

En resumen: geografía y matemáticas jugando. Como siempre: cada día tenemos mil oportunidades de mil aprendizajes.