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Crianza

La muerte cuando esperas vida

Hoy comparto con vosotros esta joya de Rosa Zaragoza:

La muerte cuando esperas vida

Te caes, mi ángel. Vacía queda mi alma.
La vida que esperé desalentada.
Te vas tan pronto, hay leche para ti
y todo mi cariño te aguardaba.
Extiendo un manto de rosas y jazmines,
te arropo en tu viaje por las nubes;
te doy mis besos, te envío mis caricias
en este viento tibio de la tarde.

Siempre estará tu recuerdo.
No olvidaremos tu nombre.
Aquí quedamos los tuyos
con los ojos bien abiertos
y la conciencia más fina
para escuchar tu silencio
y reconocer qué nos quieres decir.

Te doy las gracias por este corto tiempo
tan mágico llevándote conmigo,
por tanta luz como has dejado en mí.
Yo sé que continúas tu camino

Siempre estará tu recuerdo.
No olvidaremos tu nombre.
Aquí quedamos los tuyos
con los ojos bien abiertos
y la conciencia más fina
para escuchar tu silencio
y reconocer qué nos quieres decir:

Quizá, que amemos la vida como es,
con todo el entusiasmo y la alegría.

Memorial por el niño no nacido, de Martin Hudáček
Memorial por el niño no nacido, de Martin Hudáček, tomada de http://ardidalanza.blogspot.com.es/2014/11/memorial-del-nino-no-nacido-de-martin.html
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Microrrelatos

Vivir o morir

– El día que ames, morirás.
– Y decidió seguir vivo. En la memoria de los seres a los que había amado.

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Reflexiones

El nacimiento y la muerte, alejados de nuestras vidas

Tengo la sensación de que nuestra sociedad ha dado la espalda a dos momentos importantísimos de la vida: el nacimiento y la muerte. Y, de paso, también a los momentos más próximos a uno y a otro.

Antes se nacía y se moría en casa, y eran estos acontecimientos parte fundamental de la vida de cada familia. No he tenido la suerte de asistir a un parto en casa, pero estoy seguro que es algo mucho más placentero, emocionante y cómodo (también para la familia) que un parto en un hospital (por supuesto, hablo de la inmensa mayoría de los casos en los que no hay complicaciones). Sí he vivido muertes en casa, con el velatorio correspondiente también en casa; ahora muchas muertes se producen en el hospital, y prácticamente la totalidad de los velatorios se realizan en tanatorios. De algún modo, estamos alejando de nuestras casas (y, en cierto modo, de nuestras vidas) esos dos momentos sagrados y también los más próximos a ellos (estancia hospitalaria tras el nacimiento, estancia hospitalaria antes de la muerte).

Uno de los efectos colaterales (o no colaterales) de este cambio es que, de algún modo, delegamos en terceras personas (en extraños) muchas decisiones que deberían ser completamente íntimas. Me pregunto si no nos arrepentiremos de es esta cesión de «poder» a terceros.

Pero, no contentos con expulsar el nacimiento y la muerte de nuestras vidas, estamos haciendo también lo mismo con la primera infancia y con la vejez. Antes, nuestros niños correteaban por la casa hasta que llegaba la edad de entrar en el colegio, aprendiendo de ese modo mil cosas de la sociedad en la que viven (viendo cómo funciona la familia, yendo a la compra, paseando, jugando). Ahora metemos a nuestros niños en guarderías desde que tienen cuatro meses, alejándolos de la sociedad (es curioso que a veces se utilice como argumento la «socialización» para hacer eso), privándolos de mil aprendizajes y de afecto. La misma situación sucede con nuestros ancianos: antes pasaban el día con su familia, en la casa, dando paseos, realizando algunas actividades con las que no sólo se sentían útiles, sino que aportaban conocimientos y experiencias a las generaciones venideras. ¿Qué hacemos ahora? Los metemos en centros de mayores, privándolos de mil enseñanzas y de afecto.

Lo que me parece más triste es que, aunque lo disfracemos de frases del tipo «así socializan» (?), «se lo pasan muy bien», «aprenden mucho», uno de los motivos que más pesan para tomar estas decisiones es que permiten al resto de la población realizar otras tareas, como poder ir a trabajar. Una vez más, el dinero condicionando las vidas.

Aunque implícitamente se puede deducir, quiero destacar aquí que, con esta configuración de nuestra sociedad, privamos a nuestros bebés y ancianos de pasar mucho tiempo juntos. Y ese tiempo juntos es tremendamente enriquecedor para ambos.

¿Qué opináis? ¿Creéis que estamos a tiempo de recuperar para nuestras vidas el nacimiento y la muerte? ¿Creéis que estamos a tiempo de recuperar para nuestra sociedad a nuestros ancianos y a nuestros niños?

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Personal

Yo quiero morirme así

Yo quiero morirme así: rodeado de cariño, con mi conciencia tranquila y con mi espíritu alegre. Quiero morirme comiéndome a besos a mi esposa, maravillosa compañera de vida (tanto mejor compañera cuanto más difícil es el camino), quiero morirme admirado por mis hijos y nietos, quiero morirme admirador de mis hijos y nietos.

Quiero morirme sabiendo que mi vida ha merecido la pena, sabiendo que quiero y sabiendo que soy querido. Quiero morirme habiendo visitado mil sitios con mis seres queridos y con mi cabeza llena de mil viajes por realizar.

Quiero morirme sabiendo que dejo un hueco infinito, pero que va a ser llenado por los recuerdos que he dejado. Quiero morirme sabiendo que quienes me quieren llorarán cada vez que piensen en mí, pero también que será imposible que piensen en mí sin sonreír (y muchas veces sin reír).

Quiero morirme sabiendo que los míos van a estar sostenidos, no solamente por mi presencia y mis recuerdos, sino por la acogedora red de los seres queridos.

Quiero morirme habiendo dicho cien mil veces “te quiero” a las personas a las que quiero, y habiendo escuchando cien mil “te quieros” de sus labios.

Quiero morirme gastando bromas y escuchando las risas de los míos.

Quiero morirme enseñando a mis hijos y nietos que morir es normal, pero que vivir es extraordinario.

Quiero morirme amado y amando.

Quiero morirme sabiendo que nunca moriré.

Para ti, Papá.