No, desconozco si es así. Y tampoco sé de qué lugar es la imagen (me suena de un pueblo del sur de España). Desconozco si es así, decía, pero no me extrañaría, a juzgar por la fotografía:

Parece un poquito exagerado, ¿no creéis?
Es más que conocido, pero no por ello deja de ser divertido, entretenido y formativo.
Elegimos el número de categorías que nos plazca: ríos, lugares, alimentos, animales y nombres, por ejemplo.
Y vamos sacando letras al azar (o no, no es requisito imprescindible). Con cada letra, hay que buscar un río, un lugar, un alimento, un animal y un nombre.
El que primero logra cubrir todas las categorías, lo indica diciendo “tutti frutti!”, y entonces pasamos a contabilizar los puntos: 10 puntos por cada palabra que nadie más haya dicho, 5 puntos si la ocurrencia ha sido de varios, 0 si no has encontrado palabra. Yo propongo, además, 20 puntos si encuentras una palabra para una categoría y los demás no.
Pues nunca lo diríamos, quizá. Según leo, Extremadura es la ganadora en ese ranking de aguas dulces.
Influyen, desde luego, sus embalses: La Serena, Alcántara, Cijana, Gabriel y Galán. Entre otros. Es curioso lo rápido que podemos asociar a «secarral» cualquier lugar… sin conocerlo bien.

Manda pregonar el rey,
Romances del reino de León
por Granada y por Sevilla,
que todo hombre enamorado
que se case con su amiga.
Ya no lo hacen los austeros que lo hacían, pero mantienen nombre, gusto y cercanía. Y leche.
Como parte de los muchos actos que se están llevando a cabo en estos meses para conmemorar el centenario del Real Club Celta de Vigo, ayer se disputó un partido entre leyendas de la historia celeste y estrellas internacionales.
Mi agradecimiento a todos, pero si debo señalar a alguien en especial, mi pensamiento va hacia Javier Maté, que se erigió como portero titular la temporada en la que me comenzó a gustar el fútbol: 1981-1982. Casi nada. Leyenda entre leyendas.
Dicho ello, absolutamente todos merecen mi reconocimiento, admiración y agradecimiento.
Hace unos días tuve la suerte de disfrutar en familia de la preciosa ciudad de Zamora; tras acomodarnos, me fui a buscar un lugar donde aparcar el coche. Y me encontré con esta maravilla: la preciosa iglesia románica de Santa María la Nueva, íntimamente ligada al llamado Motín de la Trucha, al que dedicaré otro post pronto.
Abunda Zamora en románico, pero no deja de sorprender poder descubrir estas joyas en cualquier rincón de la ciudad bien cercada.

Zamora no se ganó en una hora.
Aplicable a esta bella ciudad y relacionado con la dificultad de su conquista. Aplicable a todo aquello que merece la pena.
Si educas basándote en el miedo, cuando se va el miedo, se va la educación.
El río Deva, en su camino hacia el mar Cantábrico, forma el asombroso y sobrecogedor desfiladero de La Hermida. Sobrecogedor y asombroso desde abajo, desde la carretera que acompaña al río, y desde el río que invita a un baño, con mayor intensidad si el tiempo es caluroso.
Sobrecogedor y asombroso, también, desde el mirador de Santa Catalina, al lado de los restos del castillo y no apto para quienes sufren de vértigo.
El camino hacia el mirador -se puede dejar el coche en un aparcamiento por un módico precio-, transcurre por un precioso bosque en que no estamos tan solos como podríamos pensar: además de la flora y fauna del lugar, nos vigilan y sorprenden algunos personajes de la riquísima mitología cántabra: anjanas, ojáncanos, entre otros cuantos.