La chuleta de Moaña

No es raro encontrarse, en la carta de un buen restaurante, con la suculenta propuesta de la chuleta de Moaña. A quienes tenemos la suerte de conocer este paraíso quizá nos extrañe, debido a que no hay demasiado ganado. Así que ¿de dónde le viene la fama a nuestra chuleta?

La historia nos dice que un rey Alfonso visitó Moaña, debido a que aquí se hallaban los restos del marino Casto Méndez Núñez. Tuvo la ocasión de degustar una buena chuleta y el propio monarca se encargó de llevar su fama a la Villa y Corte. Y de ahí a que los locales de comidas se encargaran de poner el mismo manjar a disposición del público no pasó mucho tiempo.

¿Que por qué no indico qué Alfonso fue? Pues porque siempre había escuchado -y leído- la versión con Alfonso XIII. Pero fue el XII quien vino a visitar la tumba de Méndez Núñez a la capilla de El Real, en Moaña, en agosto de 1877, cinco años antes de que la fragata Lealtad los transportara hasta el Panteón de Marinos Ilustres de San Fernando, en Cádiz.

Capaces de lo mejor y de lo peor

El reto era abrumador. No único, porque hubo más que lo lograron, pero abrumador. Meterse en un barril y dejarse llevar -y caer- por las imponentes cataratas del Niágara. Casi nada. Nuestro héroe, Bobby Leach, sobrevivió a dicha proeza, acontecida el 25 de Julio de 1911. No tuvo tanta suerte cuando, en 1926, resbaló en una monda de naranja y se murió.

Para aportar más luz a todo, os diré que la caída por las cataratas lo llevó a seis meses de recuperación de las lesiones sufridas. Y que la muerte tuvo relación con una infección en la pierna dañada al caer tras el resbalón en la monda.


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Feliz 8 de Marzo

Entiendo -no podía ser de otra manera- la motivación y el objetivo de esta huelga #YoParo del 8 de marzo, pero me da muchísima pena ver un hecho tan lleno de amor y tan sagrado como son los cuidados reducidos a un “trabajo”. ¿Es esta la única manera que se nos ocurre para que veamos su necesidad? Es como si estuviéramos incluyendo los cuidados* como un elemento más de este capitalismo/patriarcado que tan interesados estamos en renovar. Y buscamos defenderlos como ese sistema nos ha enseñado: negándolos, pensando que es la única forma de que se vea su importancia.

Lo veo como si estableciéramos algo así como una “huelga de amor”. Un sinsentido, vaya.

Dicho todo ello, ojalá sea un absoluto éxito, consiguiendo que todos pasemos a valorar la gran importancia de los cuidados. Que todos colaboraremos cuidando. Y, por supuesto, que cuidemos a las/los que cuidan.

Feliz 8 de Marzo. Tenemos mucho por lo que trabajar.

* Por desgracia, los cuidados sí son -o sí quieren que sean- parte del sistema, pero deberíamos ser capaces de mantenerlos al margen.

Rampa de coches de madera con aparcamiento, de Toys of Wood Oxford

Hemos recibido este bonito juguete de Toys of Wood Oxford, una marca que tiene unos productos que nos encantan, y debo decir que nos parece un muy adecuado tanto para niños pequeños como para cualquiera que quiera mejorar la motricidad fina. Como orientación, os diré que se indica que es a partir de 18 meses.

El juguete consiste en cuatro rampas de diferentes colores por las que descienden cuatro cochecitos también de diferentes colores y numerados (del 1 al 4). Por la forma que tienen los cochecitos, al llegar al final de la rampa se giran por completo (dan media vuelta de campana) para caer del revés en la siguiente rampa. Un efecto muy curioso.

Como todos los juegos de Toys for Wood, los acabados son estupendos. Este juego en concreto tiene algunos componentes de PVC (las rampas por las que descienden los cochecitos y el aparcamiento superior). El resto (salvo tornillos o similar) es de madera. Un buen regalo que gustará, seguro.

Hijo mío, ¿por qué eres así?


(Imagen tomada de Tip’s Educ. [página de Facebook])

Seguro que os habéis encontrado en muchas ocasiones con madres/padres que tienen una relación especialmente difícil con alguno de sus hijos. Y cuesta poco darse cuenta de que precisamente ese hijo es el que más se les parece.

Cuando tenemos una relación así con nuestros hijos me parece evidente ser conscientes de que el problema lo tenemos con nosotros mismos y no con ellos. Esto me lleva directamente a recordar un consejo que leí por primera vez a la escritora Laura Gutman y que procuro aplicarme siempre que puedo: cuando tenemos algún problema con nuestros peques, cuando “tienen” un día complicado, cuando no conseguimos llegar a ellos… es tremendamente adecuado pasar del “¿qué les pasa [a nuestros hijos]?” al “¿qué me pasa?”. Y seguramente ahí encontraremos la solución.

Sacrificando al hijo

Tarifa se encontraba sitiada, y Alfonso Pérez de Guzmán estaba encargado de su defensa. Para conseguir que la plaza se rindiera, los sitiadores llevaron al hijo de Guzmán ante las murallas, amenazando con degollar al niño si no se producía esa rendición. Desde lo alto de la muralla se encontraron la más inesperada de las respuestas: el cuchillo del padre, junto con la indicación de que lo utilicen para matar a su hijo.

Cuántas veces sacrificamos a nuestros hijos por culpa de satisfacer a la sociedad, me pregunto.

De Salvador Martínez Cubells[2], Dominio público, Enlace

¿Falta de respeto?

Es curioso cómo un mismo hecho puede considerarse una falta de respeto o una muestra de deportividad. Yo lo he visto completamente fuera de contexto (así que fácilmente puedo equivocarme), pero este gesto de James Harden, esperando a que Wesley Johnson, jugador rival caído en el suelo, se levante, me parece un detalle que debemos elogiar. ¿Qué opináis?

Delitos de odio, obras artísticas y social media

Uf. ¿Por dónde empezamos? Todos tenemos claro que, antes de que Internet se hiciera popular, esto era más fácil. Si en una barra de un bar un ciudadano despotrica contra un alto cargo, sabemos que no pasa nada. Que aquello no deja de ser una conversación privada y ya está. Ahora bien, si ese indignado publica esos insultos, ya estamos hablando de una historia diferente. De este argumento concluyo que sí, sin duda se puede cometer un delito por tuitear.

Sobre las obras artísticas lo tengo menos claro: en mi opinión se puede escribir una canción, una obra de teatro, un libro o un poema diciendo lo que nos plazca. Por otra parte, si alguien quiere insultar, ¿debería ser tan fácil como escribir una canción para poder insultar con impunidad? Pues creo que no.

¿Qué opináis?

Nosotros decidimos cómo vemos el mundo

El viajero, tras haber pasado unas semanas en la aldea de la montaña, inició su camino hacia la aldea de la costa. Cuando llevaba un par de jornadas de camino, se encontró con un campesino. Paró para saludarlo y aprovechó para preguntarle la duda que le rondaba la cabeza:

– ¿Podría usted, buen hombre, decirme cómo es la gente de la aldea de la costa?
– Desde luego que sí, pero antes, dígame: ¿cómo eran las personas de la aldea de la montaña?
– Insoportables. Egoístas. Ojalá jamás los hubiera conocido.
– Pues siento decirle… siento decirle, querido caminante, que la gente de la costa es igual.

Meses después, un viajero diferente realizó la misma ruta. Y también se encontró con el campesino. Y también decidió saludarlo:

– ¿Podría usted, buen hombre, decirme cómo es la gente de la aldea de la costa?
– Desde luego que sí, pero antes, dígame: ¿cómo eran las personas de la aldea de la montaña?
– Qué maravilla de personas, una auténtica delicia, convivir con ellos ha sido un verdadero regalo.
– Pues está de enhorabuena, señor. Los habitantes de la aldea de la costa también son así.

No recuerdo dónde escuché esta bonita historia; creo que fue en un programa de RNE. Si lo confirmo, incluiré aquí el link.