¿Qué nos pasa con el amor?

Estábamos dando un paseo y yo me paré a atarle a Dani un cordón de la zapatilla. Unos turistas -forasteiros, aquí les llamamos así- que paseaban por allí no perdieron su ocasión de intervenir: “este niño sabe atarse los cordones, que me lo dijo a mí, pero prefiere que se los ate su padre”.

Aproveché para explicarles que seguramente no me quedaba mucho tiempo más de hacer eso. Creo que se quedaron un poco decepcionados; me parece que contaban con que yo aprovecharía su ayuda para atacar a mi hijo. Lo digo completamente en serio.

Me hubiera gustado explicarles también que -si todo va bien- llegará un momento en el que sea Dani el que me ate las zapatillas a mí.

Y ahora reflexiono un poco. Sobre por qué molesta ver a un papá atar las zapatillas a su hijo. O llevarlo de caballito. O por qué molesta ver a una mamá dando el pecho a su niño (hoy ha escrito Patricia Garcés un interesante artículo relacionado). O por qué nos resulta más escandaloso ver una pareja haciendo el amor que ver a una pareja discutiendo.

Y he llegado a la conclusión de que a este mundo le molesta el amor.

Papá, ¿jugamos a los números?

Últimamente Dani y yo (y los que se apunten, que suele haber alguien siempre) nos lo estamos pasando en grande jugando a los números. ¿Que qué es eso? Pues una serie de preguntas que se me ocurren (y que ahora se le van ocurriendo a Dani) con las que nos lo pasamos en grande. Dani tiene seis años, pero os dejo algunos ejemplos y vosotros adaptadlas a la edad de vuestros peques, si queréis jugar:

  • El mayor número par de cuatro cifras.
  • El mayor número par de tres cifras, con todas sus cifras diferentes.
  • Un número de tres cifras cuyas cifras sumen diez.
  • Un número de cuatro cifras en el que las dos primeras sumen lo mismo que las dos segundas.
  • El mayor número de seis cifras con todas sus cifras diferentes.
  • Un número cuyo nombre tiene el mismo número de letras que el valor del número.

A disfrutar!!!

En defensa propia

Como mi vecino no estaba, el mensajero nos dejó el paquete. Fui varias veces a su casa, pero no abrió nunca. Así que -víctima de la curiosidad- opté por abrirlo.

Imaginad mi cara de sorpresa y estupor cuando vi el título del libro: “Guía para matar a tu vecino. Edición revisada y ampliada.” Ni corto ni perezoso, decidí aplicar yo mismo el método. Monté la catapulta y, en cuanto abrió la puerta, recibió en su cara el impacto de los miles de hormigas que salieron disparadas del ingenio. Retrocedió, asustado, y cerró. Pero ya era tarde. Los investigadores policiales nunca pudieron resolver el caso del hombre que fue asesinado en su propia casa y sin que nadie entrara en ella.

Fue en defensa propia. 😉

Propósito incumplido

Como sabéis, me había propuesto este año (2015) escribir un post cada día. Pues ya está incumplido; ayer se me pasó escribirlo (por la mañana me acordé, pero por la tarde-noche me fui entreteniendo con otras cosas). Me quedo con lo más positivo del incumplimiento: se acabó la parte “obligatoria” de hacerlo.

Esa obligación perjudicó mucho, en mi opinión, a mis posts del pasado año. Así que este año no tendremos ese lastre.

Seguiremos contando historias, amigos. :)

¿Vacaciones libres?

Si tú fueras empresario, ¿le darías a tus empleados libertad total para escoger la duración de sus vacaciones? Pues esto es lo que hace Cyberclick. Y, al parecer, les funciona de maravilla. Eso sí, cada uno tiene que negociarlo con sus compañeros. Nadie se toma seis meses de vacaciones (aunque la empresa se lo permitiría) por su responsabilidad y por la responsabilidad hacia sus compañeros.

¿Cómo lo veis? ¿Aplicable a cualquier empresa?

Yo siempre he sido partidario de libertad absoluta: horario libre, sobre todo. Creo que el rendimiento se dispara cuando el empleado está a gusto. ¿Qué opináis?

Costa, usted no vale para juez

La fecha: muy señalada, 24 de diciembre, Nochebuena. Las acusadas: un pequeño grupo de mujeres. El delito no lo recuerdo con nitidez, pero creo que tenía relación con haber cogido unas almejas incumpliendo alguna norma. Así que el responsable las detuvo y les garantizó, volcando sobre ellas toda su ira, que no pasarían la Nochebuena con sus familias.

Y en el calabozo iban pasando las horas, avanzando la tarde camino de esa noche tan mágica. El desánimo cundía entre las mujeres hasta que vieron que apareció por allí el Juez de Paz. Si había alguna oportunidad, era hablando con aquel buen hombre. Lo llamaron y él, por supuesto, se acercó a hablar con ellas. Le contaron que tenían familia, que sólo eran unas almejas, que aquella noche era una noche especial. Y el señor Juez lo tuvo claro: “haremos lo siguiente: esta noche la pasáis en vuestras casas, pero mañana a primera hora necesito que estéis aquí”. El asentimiento generalizado no se hizo esperar.

Desafortunadamente, la primera acción de las mujeres fue ir a la casa del que las había detenido, para hacerle saber que esa noche sí iban a estar con sus familias.

Y a la mañana siguiente el Juez de Paz, mi querido abuelo, fue -lógicamente- llamado a reunirse por su superior, si no fuera porque cortó rápidamente cualquier posibilidad de discusión:

– Costa, usted no vale para juez.
– Eso ya lo sabía yo.

Diógenes, el cínico

«El insulto deshonra a quien lo infiere, no a quien lo recibe».

Esta gran verdad es atribuida a uno de los hombres más especiales que han existido: Diógenes. Contaré las dos anécdotas más conocidas, que ilustran perfectamente la forma de pensar y la estatura moral de este hombre:

Se dice que recorría -en pleno día- las calles de Atenas, con un farol, buscando a un hombre. Un hombre digno de tal apelativo, un hombre honesto. Esto me recuerda (aunque daría para otro post) a lo que buscan las personas de mi generación cuando están en busca de pareja (una búsqueda mucho más exigente que la de dos décadas atrás, por otra parte).

La otra anécdota nos cuenta que el bueno de Diógenes se encontraba tumbado y el gran Alejandro Magno, acercándose a él, le preguntó qué deseaba. La respuesta fue tan rotunda como inmediata: “apártate, quiero que me dé el sol”. Cuando los acompañantes de Alejandro reprocharon aquella respuesta, recibieron también una dosis de sabiduría de parte de su señor: “Si no fuera Alejandro, querría ser Diógenes”.

Canción de amor número 2

Hoy os presento -a quienes no la conozcáis- esta bellísima joya de Amancio Prada, creada en los años setenta del pasado siglo, pero que hunde sus raíces y participa del intenso erotismo del Cántico Espiritual y del Cantar de los Cantares.

Yo tiritaba de frío
mojado por todas las lluvias
de todos los niños pobres,
de todos los mendigos.
Y tú, volcán de miel.

Yo que estaba solo al fin,
en medio de tanta gente,
buscándote, buscándote.
Y tú, como un bosque lleno de pájaros.

Llévame oculto en tu pelo,
llévame en tu cabello,
llévame junto a tus senos,
llévame.

Repósame en tus colinas amorosas,
llámame a tu fuente
donde el placer es húmedo
y corre, gacela blanca.

Tú que conoces mi cuerpo
por todos los caminos dulces
trazados con tus dedos
y con tu boca.

Lumbre de mis ojos,
cansados de luchar con la niebla,
heridos mis pies de tanto caer,
de tanto caer.
Comeré sonrisas de tu árbol.

Y como Amancio Prada es música que brota de la poesía, o poesía que brota de la música, os dejo aquí también este vídeo.

Como curiosidad final, os comentaré que la canción de amor número 1 existe… pero deben conocerla muy pocas personas. :)

blog de carlos costa portela