Categorías
Crianza

¿Qué nos pasa con el amor?

Estábamos dando un paseo y yo me paré a atarle a Dani un cordón de la zapatilla. Unos turistas -forasteiros, aquí les llamamos así- que paseaban por allí no perdieron su ocasión de intervenir: «este niño sabe atarse los cordones, que me lo dijo a mí, pero prefiere que se los ate su padre».

Aproveché para explicarles que seguramente no me quedaba mucho tiempo más de hacer eso. Creo que se quedaron un poco decepcionados; me parece que contaban con que yo aprovecharía su ayuda para atacar a mi hijo. Lo digo completamente en serio.

Me hubiera gustado explicarles también que -si todo va bien- llegará un momento en el que sea Dani el que me ate las zapatillas a mí.

Y ahora reflexiono un poco. Sobre por qué molesta ver a un papá atar las zapatillas a su hijo. O llevarlo de caballito. O por qué molesta ver a una mamá dando el pecho a su niño (hoy ha escrito Patricia Garcés un interesante artículo relacionado). O por qué nos resulta más escandaloso ver una pareja haciendo el amor que ver a una pareja discutiendo.

Y he llegado a la conclusión de que a este mundo le molesta el amor.

Categorías
Personal

¡Adiós, tío Pepe!

Daba igual el día de la semana, o si hacía frío o calor; poco importaban las preocupaciones -más o menos importantes- del momento. Si ibas paseando por el Con y oías que se acercaba una moto, tenías la completa seguridad de que si en ella iba tío Pepe, siempre, siempre, te iba a pitar. 

Y en ese momento, -da igual el día de la semana, si llueve o hace sol, si hay examen mañana o si perdió el Celta ayer- la sonrisa de tío Pepe hace que tus labios sonrían, y que levantando el brazo, le grites un «¡adiós, tío Pepe!» mientras su moto se aleja. 

Hace ya tiempo que tío Pepe colgó la moto, pero su cariño ha seguido formando parte de su personalidad, como no podía ser de otra manera. Os voy a contar una anécdota que lo resume perfectamente: hace unos años, mi hermana fue a visitarlo y le enseñó una foto de Dani. Y la conversación siguió por otros derroteros. Pero tío Pepe seguía saludando a Dani. Y mientras nadie lo veía, acercó la foto de Dani a sus labios y le regaló un beso. Aquellos labios quizá ya no sonreían, pero su corazón nunca dejó de hacerlo. 

Anteayer, tras varios años enfermo, recibiendo cariño y atenciones de su familia, tío Pepe decidió que en nuestros oídos volviera a sonar el claxon de su moto, y que todos nosotros -sin importar el día, el tiempo o las preocupaciones- pudiéramos dedicarle una última sonrisa y un «¡adiós, tío Pepe!»

Siento mucho que mis hijos no hayan podido oír tu moto acercarse, mientras paseaban por el Con. Pero te prometo que les enseñaré que, por muchas preocupaciones que tengamos; sea lunes o viernes; llueva, truene o haga calor, siempre, siempre, siempre hay un motivo para sonreír. 

¡Adiós, tío Pepe!

(Con cariño para mi prima y amiga Ana, que lleva desde siempre en su corazón la maravillosa bondad de su padre). 

pd.  Tío, otro día contaré cuando se te ocurrió llevar a Cati, Cloti y Marimar en tu moto. A la vez. Los cuatro. 

Categorías
Crianza

Para cuando perdemos los nervios

Cuando estéis cansados, de mal humor,
justo cuando los niños se vuelvan insoportables y os saquen de quicio,
cuando os enfadéis y gritéis,
cuando en el arrebato queráis castigar –
acordaos
del aterrado corazón del niño, que palpita a toda velocidad.

Janusz Korczak

(vía Silvia de Diego)

Categorías
Citas

Amar

Amar no es mirarse el uno al otro. Es mirar juntos en la misma dirección.
(Antonie de Sant Exupery)

Categorías
Citas Psicología Reflexiones

Como a uno mismo

Si quieres amar al prójimo como a ti mismo, comienza por amarte a ti mismo.

Categorías
Microrrelatos

Vivir o morir

– El día que ames, morirás.
– Y decidió seguir vivo. En la memoria de los seres a los que había amado.

Categorías
Citas

Ama

Ama hasta que te duela. Si te duele es buena señal.
(Madre Teresa)

Categorías
Personal

Yo quiero morirme así

Yo quiero morirme así: rodeado de cariño, con mi conciencia tranquila y con mi espíritu alegre. Quiero morirme comiéndome a besos a mi esposa, maravillosa compañera de vida (tanto mejor compañera cuanto más difícil es el camino), quiero morirme admirado por mis hijos y nietos, quiero morirme admirador de mis hijos y nietos.

Quiero morirme sabiendo que mi vida ha merecido la pena, sabiendo que quiero y sabiendo que soy querido. Quiero morirme habiendo visitado mil sitios con mis seres queridos y con mi cabeza llena de mil viajes por realizar.

Quiero morirme sabiendo que dejo un hueco infinito, pero que va a ser llenado por los recuerdos que he dejado. Quiero morirme sabiendo que quienes me quieren llorarán cada vez que piensen en mí, pero también que será imposible que piensen en mí sin sonreír (y muchas veces sin reír).

Quiero morirme sabiendo que los míos van a estar sostenidos, no solamente por mi presencia y mis recuerdos, sino por la acogedora red de los seres queridos.

Quiero morirme habiendo dicho cien mil veces “te quiero” a las personas a las que quiero, y habiendo escuchando cien mil “te quieros” de sus labios.

Quiero morirme gastando bromas y escuchando las risas de los míos.

Quiero morirme enseñando a mis hijos y nietos que morir es normal, pero que vivir es extraordinario.

Quiero morirme amado y amando.

Quiero morirme sabiendo que nunca moriré.

Para ti, Papá.

Categorías
Crianza Poesía

Los tres niveles del mundo

El otro día, mi hijo Dani me preguntó, tras darme un «te quiero», y yo responderle con otro, si me había quedado sin el que me dio él.

Así que aproveché para explicarle lo que he llamado los tres niveles del mundo:

En primer lugar, está el nivel de los objetos, de las cosas. Si él me da una manzana, se queda sin manzana. Y esto es maravilloso, porque puede conseguir que yo deje de tener hambre. Las cosas son maravillosas.

En segundo lugar, está el nivel de las ideas. Si él me cuenta una idea… ¡pasamos a tener la idea los dos, de forma milagrosa! Las ideas son más maravillosas aún.

En tercer lugar, está el nivel del amor, que alcanza ya las más altas cotas de milagro y maravilla. Si él me da amor… ¡pasamos los dos a tener más amor del que teníamos! Y esto sí que es un milagro descomunal, ¿no os parece?

Recuerdo haber leído/escuchado la comparativa cosas-ideas en algún foro de emprendedores.

Categorías
Microrrelatos

Juntos

Su matrimonio se había convertido en un verdadero calvario, así que empezaron a vivir separados y, unos meses después, decidieron divorciarse.

Fueron juntos al juzgado, juntos hicieron los trámites y, ya divorciados, decidieron ir a celebrarlo, cenando juntos.

Tras la cena, él decidió acompañarla a su casa. Paseando juntos, hablaron del futuro y del pasado. Y como se olvidaron del presente, subieron juntos a la casa y (juntos) hicieron el amor.

A la mañana siguiente, él le llevó el desayuno a la cama. Desayunaron juntos, pero muy deprisa, porque necesitaban volver a (des)hacer trámites en el juzgado. Juntos.