Todos somos Habiba

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Habiba es una joven en una difícil situación económica y social, alojada en una residencia de la Comunidad de Madrid. Habiba tiene una bebé de quince meses, a la que sigue dando el pecho (aprovecho para recordar que la Organización Mundial de la Salud recomienda la lactancia materna a demanda hasta los dos años como mínimo). El IMMF (Instituto Madrileño del Menor y la Familia) ha decidido que dar el pecho tanto tiempo y a demanda es “caótico y perjudicial para los lactantes”, y ha apartado al bebé de su madre.

Incluyo a continuación unos párrafos de la psiquiatra infantil Ibone Olza; son parte de su comunicación con el IMMF:

Lo que quiero transmitir es mi enorme preocupación por la menor. Sé como psiquiatra infantil que para una niña de quince meses verse separada de su madre de forma brusca, trasladada de centro y sin ningún adulto familiar supone un daño importante que puede tener secuelas psíquicas si no se repara lo antes posible.

En este sentido quiero citar a John Bowlby, el psiquiatra infantil británico que elaboró toda la teoría del apego, actualmente aceptada por toda la comunidad científica internacional y validada por infinidad de investigaciones.

En su libro dedicado a los efectos de la separación materna en los niños más pequeños dice Bowlby: “Siempre que un niño pequeño que ha tenido oportunidad de desarrollar un vínculo de afecto hacia una figura materna se ve separado de ella contra su voluntad, da muestras de zozobra, y si por añadidura se lo coloca en un ambiente extraño y se lo pone al cuidado de una serie de figuras extrañas, esa sensación de zozobra suele tornarse intensa. El modo en que el chiquillo se comporta sigue una secuencia característica. Al principio protesta vigorosamente, y trata de recuperar a su madre por todos los medios posibles. Luego parece desesperar de la posibilidad de recuperarla pero, no obstante, sigue preocupado y vigila su posible retorno. Posteriormente parece perder el interés por la madre y nace en él un desapego emocional”. “Los niños pequeños sufren trastornos incluso en circunstancias de separaciones muy breves”

Todas estas afirmaciones las publicó en 1973. Ahora, casi cuarenta años más tarde, la neurobiología del apego demuestra que la separación de la madre a edad temprana se traduce en alteraciones neuroanatómicas que pueden perdurar de por vida y ser la base de trastornos mentales. Durante los dos primeros años de vida el apego modela el desarrollo cerebral, especialmente del lado derecho, y un estrés grande como el de la separación forzada además de un sufrimiento inmediato para la criatura puede dejar secuelas de por vida.

No puedo ni imaginar el sufrimiento de esa madre alejada de su hija, así que ya no hablo del sufrimiento de la hija, alejada de su madre.

Espero que la situación se solvente lo antes posible. Y que no se produzca ninguna otra situación similar. Hace unos meses se produjo una situación similar, separando a una mamá adolescente de su hijo, Miguel, de 11 meses.

He escrito este post con cautela, e intentando informarme lo más y mejor posible. ¿Podría ser que lo que nos cuentan de Habiba sea falso? Sí, desde luego. Pero me parece muy difícil. En cualquier caso, os invito a informaros hasta donde podáis.

Actualización (2011-06-23):
Ya está Habiba con su hija Alma. Esperemos que puedan superarlo pronto.

Calle Princesa, pero… ¿qué princesa?

Hay una conocida calle en Madrid denominada “Calle de la Princesa”. Para los que no lo sepan, añado que es muy común en Madrid eliminar las preposiciones y los artículos a la hora de referirse a las calles, y hablan casi como en telegrama (así “Calle de la Princesa” se convierte en “Calle Princesa”, o “la Plaza de España” se convierte en “Plaza España”).

Una conocida calle de Madrid es, como decía, “la Calle de la Princesa”. La princesa a la que se dedica esta calle es Isabel de Borbón y Borbón, conocida como “La Chata”.

Infanta Isabel de Borbón y Borbón
Infanta Isabel de Borbón y Borbón (de Wikimedia Commons)

Isabel de Borbón y Borbón fue Infanta de España, condesa de Girgenti y -en dos ocasiones- princesa de Asturias (es decir, heredera a la Corona española). Fue una infanta muy querida por el pueblo y hasta hoy llegan las muestras de afecto por esta princesa. Podemos disfrutar de un monumento suyo en Madrid, en el Paseo Rosales y en La Granja de San Ildefonso. Una de las habitaciones del palacio de La Granja está dedicada a ella.

He averiguado esto gracias al blog “De Madrid al cielo”.

Para Clara :*

El oso y el ¿madroño?

Como muchos sabréis, el símbolo de Madrid es un oso y un madroño. Por consiguiente, nos lo podemos encontrar en varios sitios: en el escudo de la Villa, en la Puerta del Sol (una de las principales plazas de Madrid) o en el escudo del Atlético de Madrid (uno de los clubes de fútbol de la ciudad), entre otros.

El madroño (Arbutus unedo) es un arbusto o árbol cuya forma no es muy parecida a la que suele mostrar el escudo:

Fotografía de un madroño
Fotografía de Giancarlo Dessi - http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Arbutus_unedo_g1.jpg

Sin embargo, hay un árbol muy habitual en el centro de España, cuya forma sí se corresponde con la que suele usarse para representar el árbol del escudo de Madrid:

Fotografía de un pino
Fotografía de Rae Boe - http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Rom_circo_maximo_01.jpg

El pino manso (Pinus pinea), como vemos, es muy parecido al “madroño” que vemos en escudos de Madrid:

Fotografía del Oso y el Madroño de la Puerta del Sol, Madrid
Fotografía de Tomás Fano - http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Oso_y_Madro%C3%B1o_%28Antonio_Navarro%29_Madrid_05.jpg

¿Podría ser que se caiga por los suelos uno de los grandes mitos, y que debamos hablar a partir de ahora de “El oso y el pino” en lugar de “El oso y el madroño”?. Escuché esta argumentación hace ya unos años, y me parece completamente razonable.

Actualización: 2011-03-01
Gracias a vuestras contribuciones en los comentarios y por otros medios, veo que -al menos en Madrid- se ha extendido la idea de que realmente sí es un madroño. El hecho de que las personas de Madrid tengan tan clara esa explicación me hace pensar en que… ha habido que buscar una explicación (señal inequívoca, a mi entender, de que el madroño generaba dudas).

Inicialmente, el escudo de Madrid fue un oso (realmente, una osa). Solo. Sin madroño, sin pino, sin nada (hablamos del año 1211). Unos años después (1222), se puso fin a un pleito entre la Villa de Madrid y el Cabildo Eclesiástico, que asignaba los bosques a la Villa y los pastos al Cabildo. Ese fue el motivo por el que se añadió un árbol al escudo de Madrid, con el oso de pie apoyado en el tronco (y un pasto al Cabildo, con el oso paciendo). Es decir, son dos elementos (el oso y el árbol) independientes, que no indican que el oso tenga que comer los frutos del árbol. Se desconoce cuándo se comenzó a decir que el árbol era un madroño. Lo que sí se sabe es que por esta zona no había madroños en abundancia.

Muchas gracias por vuestro interés y por vuestros apuntes, que son los que han llevado a mejorar el post.