Es un lugar inconfundible… si lo conocéis. A ver si adivináis en dónde está esta joya.

Tomemos un número cualquiera: cojamos cada una de sus cifras, elevémoslas al cuadrado y sumemos. Repitamos la operación hasta entrar en un bucle o llegar a 1.
Si esa secuencia llega a 1, hablamos de un número feliz.
2026 es feliz.
Feliz 2026, nunca más propiamente dicho.
Aún no la conozco, pero sé que me piensa.
Me contempla también, de vez en wando.
Tiene fotografías, vídeos, grabaciones, quién sabe si
hologramas.
Mientras yo me preocupo
por cualquier nimiedad cuyo fin no recuerda
ella sueña la dicha que sería
volver a estar un rato en mi lugar.
La anciana que seré me quiere más que yo.
– Raquel Lanseros
La joya del mozárabe que es la iglesia del monasterio de San Miguel de Escalada la asociaré siempre a un maravilloso concierto de @amancio_prada (en 1991, casi nada) con motivo del cuarto centenario del fallecimiento de esa cumbre de la poesía que era San Juan de la Cruz, el medio fraile con el que Teresa de Jesús cambió la iglesia.
Ese concierto fue parte importante de la banda sonora de mi carrera. Animo a @rtve a recuperar ese tipo de programas.
En vuestro próxima escapada por las tierras de León os animo a hacer una parada en esta maravilla.

Feliciano me adora y le aborrezco;
Lisardo me aborrece y yo le adoro;
por quien no me apetece ingrato, lloro,
y al que me llora tierno no apetezco.
A quien más me desdora, el alma ofrezco;
a quien me ofrece víctimas, desdoro;
desprecio al que enriquece mi decoro,
y al que le hace desprecios, enriquezco.
Si con mi ofensa al uno reconvengo,
me reconviene el otro a mí ofendido;
y a padecer de todos modos vengo,
pues ambos atormentan mi sentido:
aqueste con pedir lo que no tengo,
y aquél con no tener lo que le pido.
Escribo este texto horas después de acontecer una desgracia en una ruta hacia Bulnes: una mujer ha fallecido por caída al vacío.
Y me gustaría pediros, por una parte, prudencia (que incluye informarse bien sobre cómo es la ruta, cómo está el tiempo, qué material, calzado y ropa han de llevarse).
Por otro lado, me gustaría también pedir empatía. Al saberse la noticia, se han visto las redes sociales pobladas de referencia a la irresponsabilidad de esa persona, que iba con perro y con brazo escayolado. No es el momento. Y, al menos yo, no sé si esos dos factores imposibilitaban la ruta. Quizá sí, quizá no.
¿En dónde estamos hoy?

Hace unos días se dio a conocer una noticia que me resultó absolutamente estremecedora.
Durante la guerra de Bosnia era posible contratar (pagando, y mucho) la posibilidad de ir a matar, desde un lugar protegido. Pagando, decíamos. Pero si el objetivo era un niño o una embarazada, se pagaba más.
Un horrible guion de película se estaba llevando a cabo en la realidad. Personas que abandonaban su cómodas -y podemos presumir que vacías, o quizá sobrecargadas- vidas y se desplazaban para, impunemente y para su diversión, matar.
Y me gustaría dejaros una reflexión: no nos imaginamos mujeres entre esos turistas, ¿verdad?