No, los dictadores no surgen del cariño

Últimamente estoy leyendo demasiados argumentos apoyando la teoría de que “de padres consentidores nacen hijos tiranos”. Obviamente, yo no estoy en las vidas de todas las familias, pero no conozco a nadie, absolutamente a nadie, que le consienta todo a sus hijos. Para bien o para mal, todos tenemos que decir “no” decenas de veces cada día. Esos noes, por supuesto, deben estar argumentados (por el bien de los hijos, por el bien de los padres, y por el bien de la relación a corto y -sobre todo- a largo plazo). Y me duelen especialmente, porque he oído argumentos de ese estilo al juez Emilio Calatayud, persona a la que admiro y que en muchísimos casos ha demostrado un gran sentido común. También a Pedro García Aguado (Hermano mayor), que se enfrenta a situaciones tremendamente complicadas.

No sé cuáles son los casos de esos “padres consentidores”, de los cuales nacen hijos tiranos. Lo que sí sé es que de padres violentos surgen almas completamente dañadas:

Hitler dijo que, de niño, era azotado a menudo por su padre. Años más tarde le dijo a su secretaria: «Entonces tomé la decisión de no llorar nunca más cuando mi padre me azotaba. Unos pocos días después tuve la oportunidad de poner a prueba mi voluntad. Mi madre, asustada, se escondió en frente de la puerta. En cuanto a mí, conté silenciosamente los golpes del palo que azotaba mi trasero».

El comportamiento de su padre en casa fue autoritario, rayando la violencia, siempre malhumorado, no admitía que se le contradijese, y los cuatro hermanos —Francisco [Franco] en menor medida, dado su carácter retraído y apocado— sufrieron lo que hoy se consideraría malos tratos.

No tengo nada más que añadir, Señoría.

(Las citas las he tomado de la Wikipedia)

Experimento Stuka

De todos es conocido el bombardeo de Gernika, durante la Guerra Civil española. Tras él, Franco pidió a los alemanes que no volvieran a bombardear objetivos civiles (o, al menos, objetivos que no estuvieran en la línea del frente). Desafortunadamente, eso no se cumplió, y cuatro pueblos de El Maestrat, en Castellón, fueron bombardeados. Los niños pensaban -en su inocencia- que lo que soltaban los aviones no eran bombas, sino paja. Ahora se está realizando un documental que pretende mostrarnos la triste realidad de todo aquello.

Tristes guerras, si no es amor la empresa.

Todavía hay clases

Es esta una historia que escuché hace tiempo, pero cuya veracidad no he podido contrastar. Espero poder cumplir al menos aquello de “se non è vero, è ben trovato”.

Francisco Franco era el jefe del estado, pero no gozaba de prestigio entre los grandes de España. Como quiera que lo necesitaba, propuso al Duque de Alba lo siguiente:

¿Qué te parece si celebramos conjuntamente la Primera Comunión de nuestras hijas? Pondré a disposición de ese acontecimiento el Palacio de la Granja y sus bellos jardines.

El Duque levantó la mirada, hasta entonces perdida en sus pasos y, mirando a la cara de Franco, con la serenidad que da el saberse con la razón, hizo valer su dignidad:

Todavía hay clases.

¿Qué parte no me cuadra de esta historia? Que tanto la hija de Franco como la del Duque de Alba nacieron en 1926. Cuando Franco llegó al poder tendrían ambas 13 años, demasiado tarde para la Primera Comunión. Aunque quizá pudo ser con motivo de otro acontecimiento, ¿quizá la presentación en sociedad?

Cómo viví el 23-F

Os preguntaréis por qué hablo del 23 de Febrero el día 24. Pues porque mi primera noticia sobre el golpe de estado se produjo el día 24. Yo tenía 9 añitos y vinieron mis padres a mi habitación a decirme que había pasado algo que podía habernos llevado a una guerra. No veo mejor forma de explicar a un niño lo que pudo haber pasado. Esa fue mi vivencia de aquel día, aunque han sido los años los que me han permitido ver la importancia y gravedad del momento.

Para ubicarnos, es importante ser conscientes de que sólo llevábamos cuatro años de democracia y que sólo habían transcurrido treinta y dos años desde la Guerra Civil Española. Todo muy reciente. Todo aún en pañales.

Y todo lleno de misterios: ¿quién había organizado aquello?. ¿Lo sabía el Rey?. ¿Era Tejero un organizador o un mandado?.

A lo largo de estos treinta años, nos han inundado con información sobre el 23-F. Me quedo con la valiente actitud, defendiendo la Democracia, de Gutiérrez Mellado, Adolfo Suárez, Santiago Carrillo y Manuel Fraga; curiosamente cuatro personas que habían demostrado más que simpatía por regímenes no democráticos. De todos modos, creo que debemos considerar a todos los diputados presentes como unos héroes que contribuyeron a preservar un sistema que acababa de comenzar.

Aquella noche sirvió para que nos creyéramos que sí, que esta vez nuestra Democracia iba en serio. Conviene recordar cada día que lo que tenemos ahora no siempre fue así.