¡La cara, don Manuel!

Estamos en un Consejo de Ministros en tierras gallegas, hace ya unas cuantas décadas. En uno de los descansos, Pío Cabanillas, que conoce bien la zona, propone a Manuel Fraga irse a tomar un baño a una escondida playa.

Bajan por un estrecho sendero, cuidando de no pincharse con las silveiras, y llegan a la arena. Dejan la ropa en una roca y se meten en el agua (sí, sin ropa).

Tras un rato en el agua, observan horrorizados a un grupo de personas que bajan hacia la playa: unas monjitas con sus alumnas. Así que ambos corren hacia su ropa, como alma que lleva el diablo, con Fraga cubriéndose sus partes íntimas con las manos.

Y aquí llega el inteligente apunte de Pío Cabanillas:

¡La cara, don Manuel, tápese la cara!

Gracias, Pili!

Cómo viví el 23-F

Os preguntaréis por qué hablo del 23 de Febrero el día 24. Pues porque mi primera noticia sobre el golpe de estado se produjo el día 24. Yo tenía 9 añitos y vinieron mis padres a mi habitación a decirme que había pasado algo que podía habernos llevado a una guerra. No veo mejor forma de explicar a un niño lo que pudo haber pasado. Esa fue mi vivencia de aquel día, aunque han sido los años los que me han permitido ver la importancia y gravedad del momento.

Para ubicarnos, es importante ser conscientes de que sólo llevábamos cuatro años de democracia y que sólo habían transcurrido treinta y dos años desde la Guerra Civil Española. Todo muy reciente. Todo aún en pañales.

Y todo lleno de misterios: ¿quién había organizado aquello?. ¿Lo sabía el Rey?. ¿Era Tejero un organizador o un mandado?.

A lo largo de estos treinta años, nos han inundado con información sobre el 23-F. Me quedo con la valiente actitud, defendiendo la Democracia, de Gutiérrez Mellado, Adolfo Suárez, Santiago Carrillo y Manuel Fraga; curiosamente cuatro personas que habían demostrado más que simpatía por regímenes no democráticos. De todos modos, creo que debemos considerar a todos los diputados presentes como unos héroes que contribuyeron a preservar un sistema que acababa de comenzar.

Aquella noche sirvió para que nos creyéramos que sí, que esta vez nuestra Democracia iba en serio. Conviene recordar cada día que lo que tenemos ahora no siempre fue así.