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Nuestra Señora de París, de Victor Hugo

Esta obra es una absoluta maravilla, un viaje al París del siglo XV, una tragedia griega escrita con dos mil años de retraso y una defensa sin tapujos de la importancia de un arte que, en la época del autor (primera mitad del siglo XIX), estaba en entredicho y sometido a demoliciones.

Si conocéis París, os encantará leer las detalladas descripciones de calles, paisajes, rincones, personas y vestiduras con las que nos obsequia Victor Hugo. Si no conocéis aún París, no me imagino mejor forma de acercarse a él que la pluma de este escritor romántico.

El propio Hugo es consciente del elevado detalle que ofrece, ya que en alguna ocasión pide explícitamente “perdón al lector” por tanta precisión y comentario. Haceos, pues, una idea.

Esta historia en la que sus principales personajes son la propia ciudad de París, la iglesia de Notre Dame, el jorobado Quasimodo, la gitana Esmeralda, el archidiácono Claude Frollo, el estudiante Pierre Gringoire y el capitán Febo de Châteaupers se ha convertido en una obra indispensable -cumbre- de la literatura francesa y universal.

Os recomiendo su lectura, ya que fui muy feliz leyéndola.

El cementerio de Montparnasse, en París

Paris tiene unos cuantos cementerios que son auténticos museos. Viajamos hoy al de Montparnasse, situado en la parte sur de la ciudad (en la parte sur del centro de la ciudad, mejor).

Como los miércoles solemos hablar de arte en este blog, no nos detendremos hoy en las personalidades famosas que reposan en Montparnasse, en este nuevo Monte Parnaso. Menciono a Sartre, pero hay muchos más 🙂

En este cementerio, auténtico museo, como decía, hay, entre todas las esculturas, una que nos sobrecogió y admiró cuando la descubrimos. El llanto del amante mientras la amada, descendiendo a las profundidades de la tierra, intenta una última despedida.

El origen del nombre del Cordon Bleu

Seguramente todos (o muchos) conoceréis ese rico plato llamado Cordon Bleu. Ñam. Personalmente lo descubrí gracias a mi familia política (es una de las muchas cosas que he ganado), y ayer mismo lo disfrutamos por última vez. Y de esa rica conjunción de carne, jamón y queso podemos extraer muchas cosas, pero… ¿su nombre? ¿Qué tipo de nombre es ese para un plato?

Debemos viajar al año 1578, cuando el rey Enrique III de Francia fundó la Orden de los Caballeros del Espíritu Santo. Cada uno de sus miembros portaba, orgulloso, la Cruz del Espíritu Santo, colgada de un… cordon bleu, sí. Aunque las órdenes de caballería desaparecieron con la Revolución Francesa, este nombre de Cordon Blue quedó para siempre como un sinónimo de excelencia en todos los ámbitos (me viene a la mente el tan habitual otaku de nuestros chavales de hoy en día). Y, en concreto, se utilizó para indicar excelencia en el mundo gastronómico.

En 1895 se fundó en París la escuela culinaria Le Cordon Bleu, que hoy en día tiene campus en varios países del mundo, incluyendo España. Y de ahí salió este plato tan rico del que hemos hablado hoy.

La joya de París

No diré que suele pasar desapercibida, pero desde luego no alcanza la fama de otros monumentos de París, como Notre-Dame, la Torre Eiffel, el Arco de Triunfo o el Sacré-Coeur, pero aventaja a todos ellos en perfección y belleza. La Sainte Chapelle, esa Capilla Santa destinada a albergar la más preciada de las reliquias (la corona de espinas) es el summum del gótico radiante. Este prodigio de la arquitectura no tiene prácticamente paredes, sino vidrieras que se elevan quince metros hasta los cielos.

Cuando la visitamos, mi esposa Clara -sabedora de mi debilidad por la Sainte Chapelle- me tapó los ojos con sus manos, descubriéndomelos cuando ya estábamos en el interior. No morí de esa sobredosis de belleza, pero estuve cerca, creedme.

De verdad, si visitáis París y solamente podéis admirar un monumento, que sea la Sainte Chapelle.

Gracias, Clara :*

By Koldo Iglesias Pardo [CC BY-SA 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0)], from Wikimedia Commons

¿De dónde provienen los nombres de derechas e izquierdas?

Como sabéis, en política se utiliza la nomenclatura de «derechas» e «izquierdas» para indicar la orientación de cada grupo.

Esta primera explicación no es la correcta, pero me la he inventado yo y me encanta ;).

Debemos viajar a París, a la isla del Sena en donde se encuentra -entre otras joyas- la imponente catedral de Notre Dame. Allí, situados en entre sus torres, encontramos la explicación a los términos que nos ocupan: a la derecha se encuentra la zona de la nobleza, de los palacios, el súmmum del conservadurismo. Sí dirigimos nuestra mirada a la izquierda veremos el Barrio Latino, la zona de los estudiantes, la esencia misma del avance y del cambio. Y, en medio, la Iglesia, rara vez equidistante pero siempre con actitudes de uno y de otro bando (según con qué representante eclesial nos encontremos).

Hasta aquí, la explicación falsa. Ahora viene la correcta:

Tras la Revolución Francesa, en la Asamblea Constituyente, la distribución de los miembros en la cámara resultó ser esa, desde el punto de vista del presidente. Los que estaban a la derecha resultaron ser los de «derechas» y los que estaban a la izquierda, de «izquierdas».

Bonus: hace unos cuantos años me tocó formar parte de una mesa electoral. Fue una bonita experiencia plagada de anécdotas. Antes de que llegara la gente para votar, coloqué las papeletas en orden, desde extrema izquierda hasta extrema derecha. Me pareció que eso facilitaría encontrarlas.