Los llantos a destiempo

Existen muchas situaciones en las que nos encontramos con un niño que llora, o bien por algo que -a nuestro entender- no es “para tanto”, o bien a destiempo (si es que tal cosa puede decirse de la expresión de un sentimiento).

Una de las más habituales es cuando el pequeño se cae o participa de una situación potencialmente peligrosa. Mientras nadie pone voz a su sentimiento, se queda callado o dice que no ha sido nada. En cuanto una persona con la suficiente empatía convierte en palabras el susto: “¿te has asustado, cariño?” o incluso mejor “menudo susto, ¿verdad?” (con esta segunda opción normalizamos lo que puede estar sintiendo), entonces llega el llanto.

Otra de las habituales, que entraría dentro del grupo de “no es para tanto” es la del pequeño que ha sufrido varias situaciones complicadas y al final acaba llorando por un tema menor. En este caso podemos ver más claramente que está llorando por lo que no lloró.

Cuesta bien poco mostrar empatía. No me gustaría terminar este post diciendo que me he centrado en los pequeños, pero esto puede darse -se da- a todas las edades.

Normalicemos expresar nuestros sentimientos. Normalicemos comprender a los demás.

No son incompatibles

Bien sabéis quienes me seguís y leéis que soy persona que valora emociones, sentimientos y sensaciones. Y que aplaudo cuando un maestro o un médico es capaz de acercarse al corazón del alumno o del paciente.

Pero nunca debemos olvidar que 1) no están preparados para eso y 2) no es su misión. Pueden hacer daño -queriendo hacer el bien-, ya que no son psicólogos.

Su primera misión es, efectivamente, hacer su trabajo: trasmitir conocimientos y curar, respectivamente. Sin que ninguna de ambas cosas esté en contradicción con ser persona, respetar sentimientos, alentar a aprender (el maestro) y a tener una vida sana (el médico).

Se me ha ido la mente a esos maestros rurales de hace un siglo. Quizá si estamos hoy aquí es porque ellos hicieron ayer su trabajo.

Y vuelvo a repetir, por si se me malinterpreta: los alumnos son personas, los pacientes son personas. Y puede que en muchos casos el maestro y el médico sean los únicos humanos sanos en su vida.