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El salto del gitano (Parque Nacional de Monfragüe, Cáceres)

Se cuenta que por aquella zona había un temible ladrón, de raza gitana (ya, los estereotipos) que sembraba el pánico en toda la comarca. Tras una de sus fechorías, y para escapar de los guardias civiles que lo perseguían, cruzó de un salto el espacio entre las márgenes del río Tajo, saltando de acantilado a acantilado. Uno de los perseguidores, intentando hacer lo mismo, quedó convertido en piedra, y aún hoy puede verse en la formación rocosa.

Pero no es la leyenda, el gitano o los guardias civiles lo que trae hoy aquí este bonito lugar, sino el propio paisaje y la cantidad de fauna que ha hecho de él su hogar. Lo más destacable, con diferencia, las ochenta (80) parejas de buitre leonado que anidan en el roquedo. Junto a la majestuosa estampa de esos auténticos reyes del aire (escapan del ataque de las águilas subiendo a donde esas reinas no llegan), debemos señalar las tres parejas de cigüeña negra que también han hecho allí su morada. No son las únicas: también el águila real, el halcón peregrino y el búho real.

Un lugar maravilloso y mágico, al que hemos ido siempre que hemos podido. No os lo perdáis si visitáis ese precioso norte extremeño. He podido hacerlo con mi esposa, con mis hijos, con mi hermana y con mis padres (feliz cumpleaños, mamá): un regalo enseñar sitios bonitos a la gente a la que quieres.

Guijo de Santa Bárbara (en Cáceres, España)

Hoy viajamos al norte de Extremadura, a las estribaciones de la Sierra de Gredos, a esa franja paradisíaca que describía Pereda.

Esta localidad de montaña, el Guijo de Santa Bárbara, está ubicada en La Vera, siendo una de las más elevadas de la comarca. Se considera posible que de estas tierras fuera original ese pastor lusitano cuya biografía nuestros padres y abuelos aprendieron de carrerilla y del que nuestros hijos y nietos quizá no sepan nada: Viriato (el propio nombre podría venir de verato, habitante de La Vera). Aquí, en el Guijo, se le recuerda con un busto en el que blande una espada (todo es posible en estas tierras).

Cuando visitéis este pueblo, disfrutad con la arquitectura que nos muestran sus casas, con las magníficas vistas y con su sabrosa gastronomía (las mermeladas merecen un capítulo aparte). Una visita, en fin, más que recomendable. Y, sin lugar a dudas, si estáis por la zona, obligada.

Las torres desmochadas de Cáceres

Si habéis visitado Cáceres os habrá llamado la atención, entre toda la belleza de su casco histórico (todo él Patrimonio de la Humanidad) que las torres de sus muchos palacios no son especialmente esbeltas.

No lo son, pero lo fueron. Y ese achatamiento tuvo su origen en una venganza. Los nobles cacereños apoyaron a La Beltraneja en su lucha por el trono frente a Isabel. Ganó, como sabéis, Isabel (posteriormente La Católica). Y el castigo para los nobles de Cáceres fue, efectivamente, desmochar sus bellas torres.