La Saeta, de Antonio Machado

Hoy comparto con vosotros un poema muy apropiado para estas fechas: La Saeta, de Antonio Machado, en el que, con su sencillez característica, nos resume tanto la Semana Santa y sus procesiones, como la fe en la que el poeta cree:

 "¿Quien me presta una escalera,
para subir al madero
para quitarle los clavos
a Jesús el Nazareno?"
Saeta popular


¡Oh la saeta, el cantar
al Cristo de los gitanos,
siempre con sangre en las manos
siempre por desenclavar!
¡Cantar del pueblo andaluz
que todas las primaveras
anda pidiendo escaleras
para subir a la cruz!
¡Cantar de la tierra mía,
que echa flores
al Jesús de la agonía,
y es la fe de mis mayores!
¡Oh, no eres tú mi cantar!
¡No puedo cantar, ni quiero,
a ese Jesús del madero,
sino al que anduvo en el mar! 

Y este poema debe acompañarse siempre con la magnífica música y voz de Serrat:

El niño yuntero

Ayer se celebró el Día Mundial contra el Trabajo Infantil, una lacra que está lejos de verse erradicada. Por suerte, es cada vez menos habitual en muchos países. Hace casi un siglo, Miguel Hernández, el poeta pastor, creo este estremecedor poema, en el que acertadamente deposita en los adultos la responsabilidad de acabar con ese abuso.

Carne de yugo, ha nacido
más humillado que bello,
con el cuello perseguido
por el yugo para el cuello.

Nace, como la herramienta,
a los golpes destinado,
de una tierra descontenta
y un insatisfecho arado.

Entre estiércol puro y vivo
de vacas, trae a la vida
un alma color de olivo
vieja ya y encallecida.

Empieza a vivir, y empieza
a morir de punta a punta
levantando la corteza
de su madre con la yunta.

Empieza a sentir, y siente
la vida como una guerra
y a dar fatigosamente
en los huesos de la tierra.

Contar sus años no sabe,
y ya sabe que el sudor
es una corona grave
de sal para el labrador.

Trabaja, y mientras trabaja
masculinamente serio,
se unge de lluvia y se alhaja
de carne de cementerio.

A fuerza de golpes, fuerte,
y a fuerza de sol, bruñido,
con una ambición de muerte
despedaza un pan reñido.

Cada nuevo día es
más raíz, menos criatura,
que escucha bajo sus pies
la voz de la sepultura.

Y como raíz se hunde
en la tierra lentamente
para que la tierra inunde
de paz y panes su frente.

Me duele este niño hambriento
como una grandiosa espina,
y su vivir ceniciento
revuelve mi alma de encina.

Lo veo arar los rastrojos,
y devorar un mendrugo,
y declarar con los ojos
que por qué es carne de yugo.

Me da su arado en el pecho,
y su vida en la garganta,
y sufro viendo el barbecho
tan grande bajo su planta.

¿Quién salvará a este chiquillo
menor que un grano de avena?
¿De dónde saldrá el martillo
verdugo de esta cadena?

Que salga del corazón
de los hombres jornaleros,
que antes de ser hombres son
y han sido niños yunteros.

Este poema fue musicado por Serrat en 1972. Os dejo también un vídeo con la canción.

Mediterráneo

Soy muy poco mediterráneo y mucho (muchísimo) atlántico, pero este poema de Serrat me ha encantado desde siempre. Y porque los mares, siempre mares son.

Esta versión de Niña Vintage es, sencillamente, fabulosa. Disfrutadla.