El rato de paseo

Los habéis visto. Los domingos por la tarde inundan nuestros paseos con su andar lento y -aparentemente- relajado. Bromean (o lo intentan), pierden su mirada en el infinito, hablan de sus próximas (aunque lejanas) vacaciones y de sus problemas en el trabajo, del alto sueldo que merecen y del pequeño que disfrutan. Salen, como digo, en manada. Quienes tienen niños de ciertas edades juguetean con ellos, los observan mientras pedalean o patinan, disputan pequeños partidos con los pequeños, conversan mientras se suben en los columpios.

Y yo no puedo no pensar en los ratos de paseo en el patio de las cárceles. Y me pregunto si somos tan libres como nos cuentan. 

La clave del éxito

He fallado más de 9.000 tiros en mi carrera. He perdido casi 300 partidos. En 26 ocasiones, se me confió el tiro ganador y fallé. He fallado, y fallado, y fallado a lo largo de mi vida. Y ése es el motivo por el que he tenido éxito.

(Michael Jordan)

Rubios, gordos y rumanos

“Unos rubios vendieron a sus hijas por dinero, alcohol, dos ovejas y un cerdo”.
“Unos gordos vendieron a sus hijas por dinero, alcohol, dos ovejas y un cerdo”.

Si esas dos expresiones nos resultan extrañas (porque “rubios” y “gordos” no aportan nada), ¿por qué la siguiente no nos choca?

“Unos rumanos vendieron a sus hijas por dinero, alcohol, dos ovejas y un cerdo”.

Se venden niños

6.600 €. Por ese dinero puedes comprar a un niño nepalí. Tras el terremoto, muchos están huérfanos o sus familias necesitan dinero. Tienes para elegir a niños entre 10 y 13 años. Los más pequeños, mejor no, porque lloran todo el tiempo, echando de menos a sus familias.

Lloro.

Los raqueros de Santander

En Santander, durante el siglo XIX, la zona del puerto era frecuentada por niños mendigos, buscando que su pillería o la misericordia de los demás les otorgara algo que llevarse a la boca ese día. Una diversión habitual entre la gente pudiente -y sin escrúpulos- consistía en tirarles monedas al agua para divertirse viendo cómo los pequeños hundían sus cuerpos desnudos buscando el preciado tesoro. Un bonito conjunto escultórico nos recuerda a esos raqueros, que así se les llamaba.

Santander.Estatua.Lor.Raqueros.jpg
CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=88027

Ayer -no en el XIX, sino en este siglo XXI en el que vivimos- pasó algo en Madrid que me recordó demasiado a los raqueros: unos aficionados del PSV -da igual el equipo, realmente- tiraban monedas y se burlaban de cómo las mendigas luchaban por conseguirlas. O les obligaban a hacer flexiones a cambio de dinero. O quemaban billetes delante de sus narices, riéndose al ver cómo aún así intentaban cogerlos. Siglo XIX. O peor.

Me duele la Humanidad.