La primera guía turística de la historia

El Codex Calixtinus, del que ya hemos hablado en este blog, escrito por un autor desconocido (la autoría de Aymeric Picaud está ahora en entredicho). Es una obra que consta de cinco libros y dos apéndices. Hoy nos interesa el Libro 5, la Guía del Peregrino.

Es un conjunto de recomendaciones y explicaciones sobre lo que se podía encontrar un peregrino, hace casi mil años, en su viaje a Compostela. Indico aquí los capítulos de ese libro, tomados de la Wikipedia:

FolioCapítuloContenido
192 [163]Argumento del Santo Papa Calixto e índice de los 11 capítulos
192-192v [163-163v]Capítulo IDe los caminos de Santiago
192v [163v]Capítulo IIDe las jornadas del camino de Santiago (Calixto, Papa)
192v-193v [163v-164v]Capítulo IIIDe los nombres de los pueblos del Camino de Santiago
193v [164v]Capítulo IVDe los tres hospicios del mundo
193v [164v]Capítulo VDe los nombres de algunos que repararon el camino de Santiago. (Por Aimerico)
193v-194v [164v-165v]Capítulo VIDe los buenos y malos ríos que se hallan en el camino de Santiago. (Calixto, Papa)
194v-197v [165v-168v]Capítulo VIIDe los nombres de las tierras y de las particularidades de las gentes que se encuentran en el Camino de Santiago
197v-207 [168v-178]Capítulo VIIIDe los cuerpos de los santos que descansan en el camino y que deben ser visitados por los peregrinos. Empieza el martirio de San Eutropio, obispo de Saintes y mártir
207-212v [178-183v]Capítulo IXDel carácter de la ciudad y de la basílica de Santiago, apóstol de Galicia. (Calixto, papa, y Aimerico, canciller)

Apartados:
De las iglesias de la villa
De la medida de la iglesia
De las ventanas
De los pórticos
De la fuente de Santiago
Del paraíso de la ciudad
De la puerta septentrional
De la puerta meridional
De la puerta occidental
De las torres de la catedral
De los altares de la catedral
Del cuerpo y del altar de Santiago
Del frontal de plata
Del ciborio del altar del Apóstol
De las tres lámparas
De la dignidad de la iglesia de Santiago y de sus canónigos
De los canteros de la iglesia y del principio y fin de su obra
De la dignidad de la iglesia de Santiago
212v-213 [183v-184]Capítulo XDel número de canónigos de Santiago
213-213v [184-184v]Capítulo XIDe como debe ser acogidos los peregrinos de Santiago
213v [184v]Fin del quinto libro del apóstol Santiago
De Desconocido – Ortiz Baeza, José Antonio; Paz de Santos, Manuel; García Mascarell, Francisco (2010): Camino de Santiago, Relaciones geográficas, históricas y artísticas, p. 58, Ministerio de Defensa. ISBN 978-84-9781-536-9, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=49354648

Ultreia, de Luis Carandell

Si eres aficionado o tienes interés en el Camino de Santiago, te recomiendo encarecidamente este libro. Es un recorrido por el Camino plagado de historia, de historias, y de anécdotas.

Luis Carandell recorrió el Camino, pero alojándose en paradores y hoteles, dedicándose a conversar con los peregrinos y a husmear en las particularidades de cada rincón del camino. Su maravillosa prosa nos hace sentir estar oyéndolo mientras lo leemos.

Me quedo con la anécdota que me ha parecido más graciosa, esta anotación escrita en el libro de visitas de un albergue del Camino:

Me ha salido un pie en la ampolla derecha.

Del libro de visitas de un albergue.

Tuve la suerte de asistir a la presentación del libro, junto con mi querido padre, así que le tengo un aprecio especial.

La divina peregrina

Descubrí esta obra gracias a la música de Carrión Folk y de la increíble voz de Ana Gutiérrez. Es una obra tradicional, englobada en el contexto del Camino de Santiago, esa ruta por la cual Europa entró en la península Ibérica. Os comparto la letra, tomada de -una vez más- el incansable trabajo de Joaquín Díaz.

Tuvimos la suerte de poder escucharla acercándonos a Santiago, ya viendo en la lejanía el inconfundible perfil de la Catedral.

Camino de Santiago
Con grande halago
Mi peregrina me encontré yo
Y al mirar su belleza
Con gran presteza
Mi peregrina me enamoró.

Fue tanta la alegría
Que al alma mía
La compañía de su amor dio
Que en la oscura maraña
De una montaña
Mi peregrina se me perdió.

Y mi pecho afligido
Preso y herido
Por estos montes suspiros dio
Y a los prados y flores
De sus amores
De esta manera les preguntó.

¿Quién vio una morenita
peregrinita
que el alma excita con su desdén?
Por ver si mis desvelos
Hallan consuelos
Todas sus señas daré también.

Iba la peregrina
Con su esclavina
Con su cartera y su bordón
Lleva zapato blanco
Media de seda
Sombrero fino que es un primor.

Tiene rubio el cabello
Tan largo y bello
Que el alma en ello se me enredó
Y en su fina guedeja
De oro madeja
Su amor al mío lo aprisionó.

Es su frente espaciosa
Larga y hermosa
Donde Cupido guerra formó
Pero se halló vencido
Preso y herido
Mi amor, y el suyo se coronó.

Sus ojos y pestañas
Son dos montañas
Donde dos negros hacen mansión
Y en arcos de Cupido
Los atrevidos
Luego disparan flechas de amor.

Su barba es el archivo
Donde yo vivo
Preso, rendido y muerto de amor
Y tal belleza vierte
Que se convierte
En sepulcro alegre y dulce prisión.

Es su hermosa garganta
La mejor planta
Que en los jardines sembró el amor
Que la blanca azucena
Aunque con pena
De su hermosura se avergonzó.

Para pintar su talle
Bueno es que calle
Pues mi pintura será un borrón…
Yo quisiera de Apeles
Tener pinceles
Para pintarla con perfección.

Perdone su hermosura
Si en la pintura
Grosero ha estado mi fino amor
Por haberla ofendido
A los pies rendido
A mi peregrina pido perdón.

Y aquí, esta maravillosa interpretación:

Un milagro de Santiago

Camino de Santiago (2671925968)

Nos cuenta el gran Luis Carandell en su libro Ultreia, plagado de anécdotas sobre el Camino de Santiago, que este buen hombre centroeuropeo se planteó realizarlo para pedirle al Apóstol que su esposa se quedara embarazada, puesto que llevaban un buen tiempo intentándolo, sin gran éxito.

Nuestro peregrino hizo el camino desde lo que hoy es Alemania, atravesando peligros y soportando las inclemencias del tiempo. Llegó a Santiago y, lógicamente, tuvo que volver (antes el Camino se hacía de ida y vuelta, salvo -cosa no extraña- que te quedaras a vivir en alguna de las emergentes poblaciones de la ruta). Cuando llegó a su hogar, pudo observar -¡oh, milagro!- que su querida esposa ya lucía una bonita barriga.