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La divina peregrina

Descubrí esta obra gracias a la música de Carrión Folk y de la increíble voz de Ana Gutiérrez. Es una obra tradicional, englobada en el contexto del Camino de Santiago, esa ruta por la cual Europa entró en la península Ibérica. Os comparto la letra, tomada de -una vez más- el incansable trabajo de Joaquín Díaz.

Tuvimos la suerte de poder escucharla acercándonos a Santiago, ya viendo en la lejanía el inconfundible perfil de la Catedral.

Camino de Santiago
Con grande halago
Mi peregrina me encontré yo
Y al mirar su belleza
Con gran presteza
Mi peregrina me enamoró.

Fue tanta la alegría
Que al alma mía
La compañía de su amor dio
Que en la oscura maraña
De una montaña
Mi peregrina se me perdió.

Y mi pecho afligido
Preso y herido
Por estos montes suspiros dio
Y a los prados y flores
De sus amores
De esta manera les preguntó.

¿Quién vio una morenita
peregrinita
que el alma excita con su desdén?
Por ver si mis desvelos
Hallan consuelos
Todas sus señas daré también.

Iba la peregrina
Con su esclavina
Con su cartera y su bordón
Lleva zapato blanco
Media de seda
Sombrero fino que es un primor.

Tiene rubio el cabello
Tan largo y bello
Que el alma en ello se me enredó
Y en su fina guedeja
De oro madeja
Su amor al mío lo aprisionó.

Es su frente espaciosa
Larga y hermosa
Donde Cupido guerra formó
Pero se halló vencido
Preso y herido
Mi amor, y el suyo se coronó.

Sus ojos y pestañas
Son dos montañas
Donde dos negros hacen mansión
Y en arcos de Cupido
Los atrevidos
Luego disparan flechas de amor.

Su barba es el archivo
Donde yo vivo
Preso, rendido y muerto de amor
Y tal belleza vierte
Que se convierte
En sepulcro alegre y dulce prisión.

Es su hermosa garganta
La mejor planta
Que en los jardines sembró el amor
Que la blanca azucena
Aunque con pena
De su hermosura se avergonzó.

Para pintar su talle
Bueno es que calle
Pues mi pintura será un borrón…
Yo quisiera de Apeles
Tener pinceles
Para pintarla con perfección.

Perdone su hermosura
Si en la pintura
Grosero ha estado mi fino amor
Por haberla ofendido
A los pies rendido
A mi peregrina pido perdón.

Y aquí, esta maravillosa interpretación:

El Portillo de la Traición. O de la Lealtad.

Don Sancho, rey de Castilla, se encontraba sitiando la ciudad de Zamora, que había correspondido en herencia a Doña Urraca, su hermana. De la ciudad de Zamora salió Vellido Dolfos [también citado como Bellido Dolfos o Vellido Adolfo], dispuesto a acabar con el monarca. Con la propia arma del rey, le dio muerte y huyó hacia la ciudad, entrando por una pequeña puerta o portillo.

¡Rey don Sancho, rey don Sancho!, no digas que no te aviso,
que de dentro de Zamora un alevoso ha salido;
llámase Vellido Dolfos, hijo de Dolfos Vellido,
cuatro traiciones ha hecho, y con esta serán cinco.
Si gran traidor fue el padre, mayor traidor es el hijo.
Gritos dan en el real: —¡A don Sancho han mal herido!
Muerto le ha Vellido Dolfos, ¡gran traición ha cometido!
Desque le tuviera muerto, metiose por un postigo,
por las calles de Zamora va dando voces y gritos:
—Tiempo era, doña Urraca, de cumplir lo prometido.

Y aquí tenemos la versión en voz de Joaquín Díaz.

Esta puerta fue conocida como Portillo de la Traición hasta que, en diciembre de 2010 (casi 1000 años después de los acontecimientos), se decidió reanalizar los hechos y decir que qué carambas, que si el bueno de Vellido había salido para proteger tanto a Zamora como a la legitimidad, pues que muy traidor no sería. Y que ya está bien que la historia la cuente siempre Castilla. Desde aquel momento y por ese motivo, ese portillo toma el nombre de Portillo de la Lealtad, y el traidor pasó a ser un valiente y leal noble, defensor de su reina y de su ciudad.

Portillo Lealtad.jpg
De Rubén Ojeda, CC BY-SA 3.0 es, Enlace