Sobre insultos, provocaciones y formas de dirigirse al público


En los últimos días están los medios de comunicación muy críticos con Piqué, poniendo el acento en su gesto “mandando callar” al público del Espanyol (ha habido más incidentes entre ambas partes, pero quiero centrarme aquí en ese gesto).

Desde luego, no es el primero que se dirige así a una grada. Tenemos la referencia más conocida (al menos en España) de Raúl, cuando mandó callar al Camp Nou tras conseguir el empate a dos con un golazo sublime. O la de Messi mostrando al Bernabéu su camiseta, tras lograr el 2-3 en un Clásico. (Y desde luego no son los únicos en dirigirse de estas o similares formas al público).

¿Que qué opino sobre eso? Pues no lo veo mal, ya que me parece parte del juego. Y, desde luego, ni se está insultando ni se está ofendiendo. Como mucho, lo veo como una falta de madurez. Raúl hizo ese gesto con 22 años, difícilmente con 29-30; del mismo modo, Piqué o Messi, dentro de unos años (si siguieran jugando), tampoco lo harían, muy posiblemente.

El efecto Pigmalión

A lo largo de mi carrera profesional me he dado cuenta de que -casi sin excepciones- si colocas a alguien en un puesto de responsabilidad, va a dar lo mejor de sí mismo, y se acabará convirtiendo en alguien digno de ese puesto.

Recientemente (por un maravilloso motivo: el nacimiento de mi hijo), he pasado a leer todo lo que pasaba ante mis ojos y estaba relacionado de un modo u otro con la crianza. Y he descubierto que, si a un niño lo tratas como una persona incapaz (“siempre haces eso mal”, “eres un desastre”, “fíjate qué bien lo hace tu hermano”) conseguirás que lo acabe siendo. En cambio, si le ayudas a ver sus verdaderas virtudes (“lo has hecho muy bien”, “qué inteligente eres”, “eres un niño muy bueno”), harás que esos aspectos positivos predominen y será cada vez mejor.

Tenemos buenos ejemplos en el deporte: el Real Madrid es un equipo que, tradicionalmente, ha sido capaz de remontar resultados y situaciones muy adversas. Eso lo sabe el equipo y lo saben sus rivales. Y eso hace que sea un rival ante el que nadie puede darse por vencedor, por mucha ventaja que hayan conseguido. Por su parte, el Barcelona está jugando el mejor fútbol de su historia. Ellos consideran que es el mejor fútbol del mundo y sus rivales también. Eso es suficiente para que tengan una importante ventaja ante cualquier rival.

Este efecto: “me creo (me ayudan a creerme) bueno, luego soy bueno” o el contrario “me creo (me ayudan a creerme) malo, luego soy malo” se conoce como “efecto Pigmalión”. Pigmalión era un escultor griego que llegó a creer que su escultura Galatea era de carne y hueso… y -gracias a la diosa Afrodita- esa creencia acabó siendo cierta.

Me puso sobre la pista del efecto Pigmalión Fati. Gracias!