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Open: An Autobiography, de Andre Agassi

Sin ser fan del tenis, sí que me interesa todo lo que tenga que ver con el deporte y con lo que hay detrás de cada deportista, así que en cuanto tuve en mis manos este libro me lancé a leerlo.

Me lancé a leerlo… y comprobé con horror algo que ya sospechaba: que detrás de la luz deslumbrante de esta estrella del tenis se escondían las sombras del maltrato. Es difícil llegar a la excelencia sin un entrenamiento al límite. Incluso cuando eres niño. Incluso si no quieres. Incluso si, simplemente, es el sueño de tu padre, que te ha convencido desde que tenías uso de razón de que ibas a ser el mejor tenista del mundo y te hacía devolver diez mil bolas cada día, salidas de una máquina a la que apodas El Monstruo.

Me pregunto si de verdad queremos esas excelencias en ciertas disciplinas si son a costa de eliminar la infancia y la vida.

El libro sigue la trayectoria de Agassi, tanto en lo profesional como en lo personal. Nos describe y descubre sus bajones y sus momentos de gloria, desde su más tierna infancia hasta su vida con Stefanie -Steffi- Graf, con quien tiene dos hijos… y ambos están más que convencidos de que no los guiarán hacia el mundo del tenis.

Cuando los padres condenamos a nuestros hijos

Estoy leyendo Open, la autobiografía de André Agassi, y la estoy disfrutando muchísimo. Quiero compartir con vosotros un párrafo que me ha impactado. Un párrafo que, aunque habla de tenis, realmente nos habla de la vida y del daño enorme que los padres podemos hacer a nuestros pequeños (la traducción es mía):

Todavía puedo intuir al niño que ya al principio no quería jugar al tenis, que quería dejarlo, que lo dejó muchas veces. Veo a ese niño de pelo dorado que odiaba el tenis, y me pregunto cómo vería él a este hombre calvo, que sigue odiando el tenis y que aún así sigue jugando. ¿Estaría sorprendido? ¿Le resultaría gracioso? ¿Se sentiría orgulloso?
(André Agassi, 36 años, frente al espejo)

Es demasiado fácil que los papás hagamos un daño terrible a nuestros hijos (sí, buscando su bien) y que los condenemos a una vida que no iba a ser la suya. Qué difícil encontrar ese punto entre el apoyo que siempre debemos dar, el empujón que a veces es beneficioso… y el empujón que nunca deberíamos dar.

Gracias, mamá, Marimar, Nacho y Lucas.