La palabra que, además de ser antónima de sí misma… se queda a medias

Hace tiempo os hablé en El Cartapacio de la palabra «nimio», la palabra que es antónima de sí misma. Pues bien, como se indicó en los comentarios surgidos a raíz aquel post, más enriquecedores que el propio post, hay una palabra más curiosa aún: «jamás». Esto lo comentó el usuario de meneame maninidra.

Veamos lo que nos dice la Real Academia Española sobre este término:

jamás

(Del lat. iam magis, ya más).

  1. nunca
  2. siempre
  3. alguna vez

¡Superad eso, chicos!

Un milagro de Santiago

Camino de Santiago (2671925968)

Nos cuenta el gran Luis Carandell en su libro Ultreia, plagado de anécdotas sobre el Camino de Santiago, que este buen hombre centroeuropeo se planteó realizarlo para pedirle al Apóstol que su esposa se quedara embarazada, puesto que llevaban un buen tiempo intentándolo, sin gran éxito.

Nuestro peregrino hizo el camino desde lo que hoy es Alemania, atravesando peligros y soportando las inclemencias del tiempo. Llegó a Santiago y, lógicamente, tuvo que volver (antes el Camino se hacía de ida y vuelta, salvo -cosa no extraña- que te quedaras a vivir en alguna de las emergentes poblaciones de la ruta). Cuando llegó a su hogar, pudo observar -¡oh, milagro!- que su querida esposa ya lucía una bonita barriga.

¿De dónde viene la palabra «chirona»?

Pues no está claro, pero hay una teoría que me parece muy verosímil, además de gustarme mucho.

En Girona se encontraba uno de los mayores centros a donde iban quienes incumplían la «Ley de vagos y maleantes»; no cuesta mucho imaginar que para ellos, ir a «Girona/Gerona/Chirona» fuera equivalente a ir la cárcel. Y viceversa.

Comencé esta búsqueda a raíz de un tweet de @diazvillanueva 🙂

Gritar menos y amar más. El desafío del rinoceronte naranja.

Hace ya bastante más de un año, una madre se dio cuenta de que gritaba a sus cuatro hijos. Que les gritaba demasiado (siempre es demasiado). Y se planteó un desafío, al que llamó «el desafío del rinoceronte naranja». Eligió este animal porque es tenaz, vigoroso y pacífico por naturaleza, pero muestra un comportamiento agresivo cuando se le provoca. Esta mamá se sentía un rinoceronte, salvo en esa parte de la agresividad. Y como quiso dotarlo de calor y energía, de ahí el color naranja.

Esta mamá va ya camino de dos años gritando menos y amando más. Alguna vez se le escapa algún grito, desde luego, pero intentar no gritar ya es estar en el buen camino. A raíz de su iniciativa, más mamás (y papás, espero) han afrontado este desafío del rinoceronte naranja. E incluso alguna profesora. Estoy seguro de que, del mismo modo que ahora vemos impensable que se pegue a nuestros hijos en el colegio o en casa (o en cualquier otro sitio), dentro de poco será impensable que se les pueda maltratar verbalmente.

Por mi parte, aunque no soy nada gritón, intentaré mejorar en ese aspecto. Creo que es buena idea anticiparse al enfado pre-grito. Es decir, ni siquiera sentir dentro el malestar que puede acabar convirtiéndose en grito. Pasito a pasito.

Y tú, ¿te apuntas al desafío del rinoceronte naranja?

¡Eh, chavales del Celta, os prohibimos esforzaros!

Hace algo más de un año el periodista Julián Ruiz, en su sección «El cortador de césped» del diario El Mundo, escribió un terrible artículo en contra del Celta. Y no doy crédito a la serie de insultos que vierte sobre el Celta y sus jugadores (y, por extensión, su afición). Siempre me resulta ofensivo mezclar política y deporte. Ofensivo para el deporte, se entiende. Aquí va mi respuesta (sí, un poco tardía; no me aprovecharé de esa tardanza para desmontar alguna de las «previsiones» de ese artículo).

Señor Julián Ruiz: comprendo que sea usted madridista (cosa que desconozco); de hecho, yo también lo soy. Y también comprendo que sea usted español (cosa que desconozco); de hecho, yo también lo soy. Y comprendo que esté en contra de los nacionalismos (cosa que desconozco); de hecho, yo también lo estoy. Nada de eso es motivo para la ristra de insultos que usted ha vertido sobre el Celta.

Luego está el paletismo del ardor nacionalista del Celta de Vigo, que nunca se repite contra el Barça, porque es otro tipo de independentismo. La mayoría de los jugadores célticos jugaron con una aceleración, una bronca continua que parecía que les iba la vida en ello. Da igual. En Chamartín les van a meter cinco.

Que el Celta haya jugado dándolo todo contra el Real Madrid no es algo que deba ofender a un madridista; es más, eso suele pasarle a todos los equipos, incluyendo al Atlético de Madrid, que no creo que sea especialmente independentista. Pero le diré algo más: el Celta puede darlo todo contra el Real Madrid. Y alguna que otra vez nos ha salido muy bien, como cuando les metimos cinco. Pero no nos quedamos cortos con otros rivales, incluyendo los que usted calificaría como «nacionalistas»: al Barcelona y al Athletic ya les hemos marcado seis, al Benfica (portugués, ¿deberíamos habernos dejado ganar?) le marcamos siete; y créame, en esos partidos también se esforzó el Celta. Algo.

Y por cierto, en Chamartín no nos metieron cinco. 😉 Y hoy vuelve a haber un Madrid-Celta. Ya le adelanto que creo que nos vamos a esforzar. Y también le adelanto que a ningún buen aficionado del Madrid le molestará eso.

Las abarcas desiertas

Por el cinco de enero,
cada enero ponía
mi calzado cabrero
a la ventana fría.

Y encontraban los días,
que derriban las puertas,
mis abarcas vacías,
mis abarcas desiertas.

La infinita belleza de este poema de Miguel Hernández muestra con absoluta nitidez la terrible situación de pobreza que vivían muchos niños de aquella (y, por desgracia, también de esta) época. De regalo, este poema nos enfrenta a una injusticia «imaginaria» (los reyes traen regalos a unos y no a otros) que tiene su reflejo directo en la injusticia real (unos niños tienen recursos y otros no).

Por el cinco de enero,
para el seis, yo quería
que fuera el mundo entero
una juguetería.

Y al andar la alborada
removiendo las huertas,
mis abarcas sin nada,
mis abarcas desiertas.

Os dejo con esta versión de «Banda Inaudita». Una joya.

Para ti, Papá, que te encanta este poema y esta versión musicada.

La rosa del pecado

Cuando en la taberna estamos, nada nos importa el mundo,
ni que el viento encrespe el agua, ni que el fuego esparza el humo;
si una apuesta afortunada nos escancia su mistela,
ordenamos una ronda para todos y es la fiesta.

La rosa del pecado; Espliego
La rosa del pecado; Espliego

Conocí a José Ignacio Cordero hace ya muchos años; en concreto, a comienzos del siglo XVII. Me lo presentó Clara, mi esposa. Y en aquella época José Ignacio, con su grupo Espliego, ponía música a los poemas de El Quijote. Esto me ayudó a descubrir una maravillosa obra poética que había pasado desapercibida a mis ojos. Desde entonces sigo con gusto e interés toda la producción de Espliego.

Y hoy os quiero hablar de los goliardos: clérigos y estudiantes vagabundos y errantes dedicados a la «mala vida» (o buena, según quien juzgue). Su torrente creativo y sus conocimientos religiosos, unido a las influencias de Baco y Venus nos han dejado unos cuantos poemas en los cuales se han inspirado José Ignacio y sus compañeros para regalarnos unas cuantas joyas, agrupadas en su disco «La rosa del pecado». Os encantará.

Unos juegan, otros cantan, y los hay que se desnudan,
a la sombra de unos pechos y a resguardo de la lluvia;
nadie teme allí a la muerte porque el vino ahuyenta el llanto;
que loado sea por siempre el dulce nombre de Baco.

Si tenéis la inmensa suerte de que actúen en un lugar al que podáis ir, os lo recomiendo. Nosotros fuimos, hace ya unos cuantos años, a verlos a Alcalá y fue una auténtica delicia. Tendréis una placenterísima clase de historia.