El Papamoscas (de la Catedral de Burgos)

En la Catedral de Burgos, y sin ser su principal atractivo, se encuentra un autómata que, cada hora, abre y cierra su boca mientras con su brazo da las campanadas correspondientes.

Burgos - Catedral 162 - Papamoscas

Ahora os contaré un secreto: los burgaleses suelen acudir a ver cómo los turistas ven el Papamoscas porque aseguran que los verdaderos papamoscas son… los turistas.

Apple, Steve Jobs y los Beatles

Apple Corps (que no Apple Computers, la empresa de Jobs) era una empresa fundada por los Beatles; empresa que denunció a Apple Computers por infracción de marca registrada. El litigio se solucionó de forma bastante educada y tranquila: Apple Computers pagó 80.000 dólares a Apple Corps para poder seguir usando su marca y firmaron una cláusula sin importancia (en aquel momento). En esa cláusula se decía que los Beatles no se meterían en el mundo de la informática y que Apple no se metería en el mundo de la música.

El resto lo conocemos todos: los Beatles cumplieron su parte del trato, pero Apple no hizo lo mismo.

Apple store Michigan Ave

Obviamente, esto provocó nuevas demandas por parte de Apple Corps, que se resolvieron también de forma educada: Apple Computers pagó a Apple Corps 500 millones de dólares a cambio de los derechos mundiales de esa marca.

Como nota curiosa, os contaré que Steve Jobs tenía, entre sus más preciados tesoros, un disco pirata de los Beatles.

Aprendí estas cosas leyendo la biografía de Steve Jobs escrita por Walter Isaacson (gracias, papás) 🙂

Glance, la revolución del sexo con Google Glass

Comienzo por decir que es exagerado hablar de revolución del sexo (de hecho quizá sea una muestra de lo alejados que estamos del sexo y de nosotros mismos), pero sí de que Google Glass nos proporciona una serie de posibilidades que Glance (una aplicación para móviles) aprovecha al máximo.

Con Glance+Glass podremos hacer cosas como:

  • ver lo que está viendo nuestra pareja
  • apagar/encender/atenuar las luces
  • poner música
  • pedir sugerencias de posiciones
  • elegir grabar un vídeo y guardarlo… o borrarlo para siempre

El Mónica María

Un día, desde la terraza de mi casa, lo vi por primera vez. Yo estaba muy acostumbrado a ver petroleros (fondeaban habitualmente en la Ría de Vigo), pero aquel era el mayor que había visto jamás. Su nombre, Mónica María.

Me pasaba horas contemplándolo con los prismáticos de papá, viendo cómo la gente se movía dentro de él en moto (medía más de 300 metros de eslora [largo]). También era impresionante pasar a su lado (en barco, lógicamente) y verlo de frente, porque incluso su manga (ancho) era enorme: 53 metros.

Os dejo una foto y un link donde se habla un poco más de él.

Mónica María (de fene.com)

Cine, música, distribuidores y piratería

Comenzaré con algo completamente evidente: las profesiones se quedan obsoletas cuando dejan de aportar valor. El chófer de carruajes, tan necesario hace sólo un siglo, ya no existe. Lo mismo sucede con herreros o curtidores. Lo mismo va a suceder pronto con los carteros o con los libreros. Son profesiones que van a desaparecer tal como las conocemos. Desde luego, pueden (deben) orientar su carrera para ofrecer un servicio que aporte valor: el chófer de carruajes puede seguir dando servicio a turistas, por ejemplo.

La distribución de música y cine proporcionaba, hasta hace unos años, un servicio de gran valor: hacía que los usuarios finales pudiéramos disfrutar en nuestras casas de esas formas de cultura. Y la única forma de conseguirlo era acudir a las tiendas.

Ahora esto ha cambiado radicalmente: podemos acceder a películas desde nuestras casas. La distribución ha perdido sentido, ya que no aporta ningún valor extra. Por lo tanto, debe desaparecer o (mejor aún) renovarse.

Del mismo modo que antes los cines pagaban a la empresa que les transportaba enormes rollos de película y ahora pueden recibir la película en un formato de mayor calidad y directamente vía internet, también los usuarios finales dejamos de pagar al «transportista» y accedemos directamente a la película vía internet.

Así pues, parece claro que el distribuidor (al menos, tal como lo conocemos) debe dejar de participar en esta cadena, ya que no aporta valor. Pero, ¿qué pasa con los creadores? ¿Qué sucede con el artista que compone una canción o crea una película? ¿Debe cobrarse o debe dejarse acceso libre?

Antes de nada, no debemos olvidar que los artistas tienen otras fuentes de financiación, más allá de la venta de CDs o DVDs: conciertos, cines o merchandising, por ejemplo.

¿Por qué el creador querría que sus obras llegaran gratis al público?
Podría ser que al creador le convenga que el público pueda acceder gratis a sus obras: si mi música se distribuye gratuitamente, me conocerá más gente, y vendrá más gente a mis conciertos (y daré más conciertos).

Y el público, ¿por qué estaría dispuesto a pagar?
Creo que estaríamos dispuestos a pagar entre 2-3 euros por un estreno y 1 euro (o menos) por una película anterior. Básicamente, es un precio similar a un alquiler… pero el público general ve la mayoría de las películas solamente una vez.

También estaríamos dispuestos a pagar un canon por aquellos dvd’s que vamos a utilizar para grabar películas o música.

Quizá también podríamos pagar por packs que nos faciliten el trabajo. Si estoy viendo los premios Goya y me ofrecen bajarme todas las películas nominadas por unos 25 euros, seguramente lo aceptaría encantado. Si me puedo bajar todos los documentales sobre delfines, en lugar de tener que estar buscando en mil sitios, también estaría dispuesto a pagar.

¿Y la publicidad? Supongamos que las cadenas de televisión te permitieran bajarte sus series (hablo de bajar, no de tener que ver en sus páginas) incluyendo la publicidad. ¿Te importaría? Eso permitiría que las cadenas cobraran más a sus anunciantes (ya que no sólo se van a ver en una franja horaria y en un momento concreto).

Debemos entre todos seguir buscando una solución a este problema que, a mi entender, no pasa por criminalizar las descargas ni por cobrar un canon indiscriminado. Estoy seguro de que hay un lugar de consenso en el que todos (autores, público, quizá incluso distribuidores) encontraremos un bonito equilibrio.

Coches que conducen solos. Sí, de Google, claro :)

Google lleva un tiempo trabajando en un proyecto revolucionario: coches que conducen solos. Tiene a Toyota como socio en esta aventura que cambiará -una vez más- el mundo. Han hecho unas cuantas pruebas por las carreteras de California (en todas las situaciones) y, tras haber recorrido unos 200.000 km (que es perfectamente la vida útil de un coche), solamente han tenido un leve accidente: un coche -¡conducido por un humano!- golpeó uno de los coches de Google. Es decir, que el saldo de los 200.000 kilómetros de pruebas es ningún accidente cometido por los coches.

Realmente parece ciencia ficción y, honestamente, no me extrañaría que algún día nos dijeran que hemos picado todos en una macrobroma. Pero prefiero creer que es verdad, y me encanta saber que dentro de ocho años (allá por el 2019) ya veremos estos coches por nuestras carreteras. Espero que pronto se nos prohíba conducir a los seres humanos… y que el precio de los coches no sea excesivo. Se nos avecina un bonito futuro, con menos accidentes y con menos tiempo perdido en viajes (porque serán más rápidos y porque se podrá hacer otras cosas mientras se conduce).