¡Hay que compartir!

Sí, si has ido con algún niño pequeño a un parque, a una fiesta, o a cualquier sitio donde esté en contacto con otros niños (y, sobre todo, con otras mamás/papás) habrás oído, ineludiblemente, la frase mágica: «¡Hay que compartir!»

Y sí, efectivamente, todos sabemos que compartir y ser generoso es una maravillosa virtud. Pero también sabemos que los niños aprenden más de lo que ven que de lo que escuchan. ¿Conocéis esa actitud de algunos adultos -perdón, de algunos «adultos»- de quitarle algo al niño y juguetear con ese algo diciendo «es mío, me lo quedo yo, no te lo doy»? Bien, pues yo he visto a personas que hacían eso decir también «hay que compartir».

¿Qué os parece?

Ya. Tremendamente coherente.

Nuestros hijos van a aprender, sobre todo, lo que vean en casa. Si sus padres y hermanos comparten, no os preocupéis, que ellos van a compartir perfectamente.

Por otra parte, es necesario comprender que, al igual que cuando yo me compro un móvil nuevo quiero estar jugueteando con él todo lo posible, y quizá no sea el mejor momento para pedírmelo; del mismo modo un niño con un juguete que le apasiona prefiere estar jugando con él que dejárselo a otro.

Y, finalmente, me gustaría también poner el acento en que compartir no es obligatorio. Y compartir todo, menos. Y compartir con todos, menos aún. Yo no dejo mi coche, mi ordenador o mi casa a un desconocido. Ponernos en el lugar del niño nos ayudará, en ésta, como en otras muchas situaciones, a comprenderlo, a que se sienta comprendido, y a tomar la mejor decisión para todos.

Y de propina, en relación con el tema de compartir, me gustaría decir que los niños no vienen egoístas de serie. Si se convierten en personas egoístas, depende única y exclusivamente de la educación que reciben.

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