La gran ola de Kanagawa, de Hokusai

Es, con seguridad, una de las obras de arte más conocidas. Esta ola, ese dragón que quiere devorar a esos bravos marineros es, a su vez, un marco perfecto para la montaña que se ve al fondo del cuadro, el monte Fuji (la obra forma parte de una serie denominada «Treinta y seis vistas del monte Fuji»).

Se realizó con una técnica denominada ukiyo-e, consistente en dibujar directamente sobre papel o seda y, a continuación, se grababa sobre madera. Finalmente, se estampaba sobre papel. Así que de esta obra tenemos -literalmente- miles de copias.

Se supone que los occidentales tenemos la apreciación de que los barcos van de izquierda a derecha, mientras que un observador oriental (japonés, puesto que esa era la nacionalidad de nuestro autor) vería las embarcaciones dirigiéndose hacia la ola. No sé si mi cultura marinera ha pesado más que mi cultura occidental, pero yo veo a los marineros acercándose cada vez más a esa temible ola.

El síndrome de Hikikomori

Este síndrome se refiere a una enfermedad social que afecta principalmente a varones que viven recluidos, generalmente en sus propias habitaciones, teniendo la tecnología prácticamente como único contacto con el mundo exterior.

Sucede sobre todo (pero no solamente) en Japón. Debido a la idiosincrasia japonesa, no se suele forzar a estas personas a abandonar su situación, y se les proporcionan los medios necesarios para que puedan seguir haciendo su vida: el resto de la familia se encarga de que tengan comida, de prepararles un baño al que puedan acceder, etc.

No hay consenso sobre cómo debe tratarse (la medicina occidental opta por sacarlos de ese ambiente, incluso de forma brusca; la medicina japonesa prefiere una opción más suave y gradual, manteniendo un contacto permanente con el enfermo e intentando que se vaya integrando poco a poco en la familia y, a continuación, en la sociedad).

Conducir por la izquierda

Hace unos meses tuve la ocasión de conducir por el Reino Unido. Como sabréis, allí tienen el volante a la derecha del coche (y, como consecuencia, los coches circulan por el carril izquierdo de la calzada). Yo vivo en España, donde se conduce por la derecha de la calzada.

He de decir que a mí esto me parecía una tarea fuera de mi alcance, pero (quizá por el Efecto Pigmalión que ejercieron sobre mí mi hijo, mi esposa y mi hermana) me atreví a afrontarla.

Una vez que estás en el coche, lo primero que sorprende y desconcierta es que el cambio de marchas está a la izquierda (no podía ser de otra manera). Afortunadamente, el volante funciona igual ;-).

Una vez se arranca, existe la tendencia inconsciente a llevar el coche demasiado a la izquierda (uno de los accidentes más habituales entre los conductores del continente es chocar contra coches aparcados o ciclistas). Es lógico, dado que lo habitual es estar en el lado izquierdo del coche y no necesitar tanto espacio por ese lado. Un buen consejo, que a mí me fue de gran utilidad, es intentar pegarse a la línea del centro de la calzada.

Otra situación potencialmente conflictiva son las rotondas. Obviamente, se toman al revés (en sentido de las agujas del reloj).

Como buenos británicos, ellos argumentan que somos nosotros los que conducimos al revés, remontándose al origen de esta forma de circular, para el que hay dos teorías: de los torneos entre caballeros (se llevaba la lanza en el lado derecho), y de los coches de caballos (para que el látigo, llevado generalmente en la mano derecha, no golpeara a los peatones).

No es el Reino Unido el único país donde se conduce por la izquierda. Japón o Australia (entre otros muchos) también comparten esa forma de conducir.

En ocasiones un país decide cambiar de un modo a otro (ha habido cambios en ambos sentidos). El proceso suele comenzar por vender coches con el volante en el nuevo sitio. A continuación, se decide la fecha y hora en la que se va a realizar el cambio. Llegada esa fecha y hora, se realiza el cambio. Por cierto, no suele haber accidentes ese día, porque todo el mundo conduce con cuidado (no sería malo tomar nota).