¿Cómo reaccionamos ante una buena noticia de nuestra pareja?

Hay cuatro formas con las que un miembro de la pareja reacciona ante una buena noticia del otro miembro:

“He conseguido trabajo!”

Forma pasiva-destructiva: “No te vas a creer lo que me pasó ayer! Gané una camiseta en un concurso!”

Forma pasiva-constructiva: “Ajá, estupendo” (y sigue enredando con su teléfono)

Forma activa-destructiva: “Bufff… ¿y ahora, cómo hacemos con los niños? ¿Dónde dices que está? ¡Te va a costar una hora llegar! Y con lo que te pagan, es que ni te merece la pena!”

Forma activa-constructiva: “Maravilloso, cariño! Qué bieeen!!! Encima de lo que te gusta! Y por los niños no te preocupes; yo saldré dos horas antes; madrugo una gota y ya lo compenso! Qué alegría más grande; vámonos a cenar fuera!”

¿De qué forma suele reaccionar tu pareja? Y -lo que es más importante- ¿de qué forma sueles reaccionar tú?

De cara a la pared, versión 2.0

Desde que Dani se escolarizó, hemos tenido una buena colección de diálogos (con muy buena actitud por ambas partes, debo decir) con el colegio, buscando evitar el uso de premios y castigos para educar, ya que creemos que las personas no debemos hacer las cosas solamente por conseguir un premio o por evitar un castigo, y utilizar esos métodos nos alejan de una buena educación.

¿Sabéis qué podemos conseguir si utilizamos premios y castigos para educar? Pues que ese niño, cuando sea adulto, sea capaz de mentir a su compañía telefónica por conseguir un teléfono móvil; o que sea capaz de defraudar a Hacienda (de robarnos a todos, siendo claros) para conseguir el premio de una declaración ventajosa; o que sea capaz de poner en riesgo su vida o la de los demás haciendo cualquier cosa que le reporte un beneficio económico; y, lo más triste, que la única forma que deje de hacer eso sea amenazar con un castigo.

Por supuesto, no solamente considero castigo el castigo físico, sino el castigo verbal, o enviar al niño al “rincón de pensar” (del cual deberemos hablar en otro post), o cualquier otra actitud que no sea respetuosa con el niño.

Pues bien, con esa base, cuando me enteré de la existencia de la aplicación DojoClass, como os imaginaréis, estuve muy en desacuerdo. DojoClass es una aplicación que premia a los alumnos y notifica a los padres de los éxitos de sus hijos. Desde luego, no es lo más grave de la historia, pero no debería utilizarse si nuestro verdadero objetivo es educar, entre otras cosas porque a lo mejor el profesor que emplea DojoClass considera que un niño que ha estado sentado y callado se ha portado bien y merece un premio; en cambio, el que ha estado moviéndose se ha portado mal (¡y quizá es el único que se ha comportado como un niño!).

Os dejo para el final el estremecedor tagline de este producto:
Software de Control del comportamiento

Es que siempre se ha hecho así

Posiblemente todos hayáis estado en una empresa u organización en donde alguna de las normas que se siguen no tiene mucho sentido. Os contaré un interesante experimento, que quizá conozcáis, y una divertida anécdota.

He aquí el experimento:

Metieron a cuatro monos en una jaula, y en la parte superior de la misma, colgaron un bonito racimo de plátanos. Cada vez que un mono intentaba cogerlo, los experimentadores rociaban con agua fría a los demás monos. Con lo cual, los monos enseguida aprendieron que cada vez que un mono intentaba coger la comida, había que impedírselo.

Al cabo de un tiempo, retiraron uno de los monos e introdujeron uno nuevo. Al poco, lógicamente, intentó ir a por la comida… sin éxito, porque sus compañeros se lo impidieron. Repitieron la operación (retirar un mono, introducir uno nuevo) hasta que hubo cuatro monos que jamás habían vivido el tormento del agua… pero seguían comportándose igual, de forma irracional e inflexible: cada vez que un mono intentaba coger la comida, se abalanzaban sobre él.

Y ahora la anécdota:

En un cuartel militar, cada vez que había que hacer guardias, ubicaban a tres soldados en tres lugares diferentes: dos en las dos puertas, y el tercero al lado de un banco. Una vez le tocó hacer guardia a un soldado curioso por naturaleza, y se propuso averiguar la causa de esa rara tercera ubicación. Acabó encontrándola: hacía varias décadas (creo recordar que más de un siglo), pintaron el mencionado banco. Y añadieron a la ubicación de las guardias el banco, para que nadie se manchara. Ahí se quedó esa disposición.

La relación entre el experimento y la anécdota parece clara: se ponen normas por algún motivo razonable (en su momento), pero luego no se eliminan cuando el motivo ya no existe o las nuevas circunstancias lo requieren.

Como dice Eduardo Punset: “nos cuesta mucho cambiar de opinión, al contrario que los monos y otras especies inteligentes”.

Para Mª Dolores.