Picasso: tan agarrado como orgulloso

La anécdota que se cuenta nos dice que había terminado la cena en aquel restaurante. Y llegó la hora de pagar. Y nuestro Pablo vio la ocasión de ahorrarse la cena, proponiéndole al dueño del local hacer un dibujo y dar con ello pagada la cena. Una vez terminado, el restaurador le pidió al artista que lo firmara. La respuesta nos cuenta todo:

Quiero pagar la cena, no comprar el restaurante.

Problemas de audición… o de geografía

Y la cosa fue como sigue: estaba reservando cita para la revisión del coche, y llegó el momento en el que mi interlocutor me preguntó la matrícula. Le dije el número y, cuando empecé con las letras, opté por facilitarle las cosas (o eso pensaba yo) usando el consabido recurso de acompañar cada letra con una palabra que no dejara lugar a dudas.

Yo: – B de Barcelona…
Él: – B de Barcelona.
Yo: – M de Madrid…
Él: – M de Madrid.
Yo: – P de Pontevedra.
Él: – E de España.
Yo: – ¡No, no, E de España no! ¡P de Pontevedra!

Es de estas situaciones surrealistas que nos suceden de vez en cuando. Por cierto, el taller se encuentra en Pontevedra (Pontevedra ciudad), para más inri.