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La importancia del contacto mamá-bebé

Son cada vez más los estudios que ponen de manifiesto la importancia de satisfacer la necesidad de contacto que tienen nuestros bebés. Tradicionalmente se ha dicho que, teniendo satisfechas sus necesidades de alimentación y limpieza, el bebé puede estar tranquilo. Creedme que si sólo satisfacemos eso, nos dejamos lo más importante: el contacto.

Como mamíferos que somos, el contacto con nuestros cuidadores es fundamental para nuestro desarrollo (sobre todo mental). Cuando un bebé se siente solo (sí, aunque tenga una cámara apuntándolo, se siente solo, mientras no sepa para qué es esa cámara), inmediatamente se activan su instinto de supervivencia y llama -llorando, en muchos casos- a sus cuidadores. ¿Por qué?. Porque él por sí solo no tiene capacidad de defenderse de un posible agresor y necesita el cuidado de un adulto. Por eso, de forma instintiva, llama en busca de ayuda.

Vivimos hoy en un momento en el que se potencian conceptos como “el niño tiene que aprender a dormir” o “el niño tiene que dormir solo”, amparándose en favorecer su independencia, entre otras cosas. Quizá hable en futuros posts de este tema, pero quiero apuntar que la independencia se favorece con contacto, apoyo y cariño, no sometiendo a los bebés a una situación de alto nivel de estrés.

Los indios sioux sabían mucho más de psicología que nosotros: cuando el bebé nacía, lo apartaban de su madre. Sabían que la mejor forma de conseguir un gran guerrero era favorecer su agresividad.

El día que secuestraron mi iPhone

Era un día como otro cualquiera. Mi esposa y yo bajamos del coche, y ella llevaba en su mano mi nuevo iPhone. Una señora que, desde su casa, nos vio llegar, salió rauda y se dirigió directamente hacia el iPhone. Nos lo arrebató de las manos y se dio la vuelta, y volvió apresuradamente hacia su casa, soltando un “¡ahora vuelvo!” al que no hicimos caso alguno, ya que ambos nos fuimos detrás de ella inmediatamente. Al final, lógicamente, pudimos recuperar el iPhone.

¿Qué opináis de la señora?. Quizá si lo hubiera pedido por favor se lo habríamos dejado. O, al menos, se lo habríamos enseñado, aunque fuera manteniéndolo en nuestra mano.

Hay un pequeño detalle en esta historia que he modificado. No era nuestro iPhone. Era nuestro bebé.

¿Qué opináis de la señora ahora?. Espero que, al menos, lo mismo que cuando os lo pregunté hace dos párrafos.