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Romancillo de Mayo

Por fin trajo el verde mayo
correhuelas y albahacas
a la entrada de la aldea
y al umbral de las ventanas.

Al verlo venir se han puesto
cintas de amor las guitarras,
celos de amor las clavijas,
las cuerdas lazos de rabia,
y relinchan impacientes
por salir de serenata.

En los templados establos
donde el amor huele a paja,
a honrado estiércol y a leche,
hay un estruendo de vacas
que se enamoran a solas
y a solas rumian y braman.

La cabra cambia de pelo,
cambia la oveja de lana,
cambia de color el lobo
y de raíces la grama.

Son otras las intenciones
y son otras las palabras
en la frente y en la lengua
de la juventud temprana.
Van los asnos suspirando
reciamente por las asnas.
Con luna y aves, las noches
son vidrio de puro claras
las tardes, de puro verdes,
de puro azul, esmeraldas;
plata puras, las auroras
parecen de puro blancas
y las mañanas son miel
de puro y puro doradas.

Campea Mayo amoroso
el amor ronda majadas,
ronda establos y pastores,
ronda puertas, ronda camas,
ronda mozas en el baile,
y en el aire ronda faldas.

Que no se despierte

Este bello poema de Agustín García Calvo es, hoy, para Valentina. :’-*

Que no se despierte

Que no se despierte.
La niña que duerme a la sombra,
que no se despierte;
que duerme a la sombra del árbol,
que no se despierte;
a la sombra del árbol granado,
que no se despierte;
granado de ciencia del bien,
que no se despierte;
de la ciencia del bien y del mal,
que no se despierte.
Que no se despierte, que siga
dormida la muerte;
que siga a la brisa del ala
la muerte dormida;
a la brisa del ala del ángel
dormida la muerte;
del ala del ángel besada
la muerte dormida;
del ángel besada en la frente
dormida la muerte;
besada en la frente del lirio
la muerte dormida;
en la frente del lirio a la sombra
dormida la muerte
que no se despierte, que siga
dormida la niña,
que no se despierte, no.

Y, como colofón, esta maravillosa versión musicada por Amancio Prada:

Los tres niveles del mundo

El otro día, mi hijo Dani me preguntó, tras darme un “te quiero”, y yo responderle con otro, si me había quedado sin el que me dio él.

Así que aproveché para explicarle lo que he llamado los tres niveles del mundo:

En primer lugar, está el nivel de los objetos, de las cosas. Si él me da una manzana, se queda sin manzana. Y esto es maravilloso, porque puede conseguir que yo deje de tener hambre. Las cosas son maravillosas.

En segundo lugar, está el nivel de las ideas. Si él me cuenta una idea… ¡pasamos a tener la idea los dos, de forma milagrosa! Las ideas son más maravillosas aún.

En tercer lugar, está el nivel del amor, que alcanza ya las más altas cotas de milagro y maravilla. Si él me da amor… ¡pasamos los dos a tener más amor del que teníamos! Y esto sí que es un milagro descomunal, ¿no os parece?

Recuerdo haber leído/escuchado la comparativa cosas-ideas en algún foro de emprendedores.

Y esas flores que se ven sobre el agua, ¿qué son?

El congreso de escritores se estaba celebrando en Madrid y, en uno de los descansos, para despejarse de las sesudas conferencias, dos de ellos decidieron dar un paseo por el bonito parque del Retiro. Parados frente a uno de los estanques, se produjo la siguiente conversación:

Y esas flores que se ven sobre el agua, ¿qué son?
Esas flores, mi querido amigo, son los nenúfares de los que tú tanto hablas en tus poesías.

No sé quiénes eran estos dos escritores, pero siempre me imagino como protagonistas de esta historia a Unamuno, por su fina y sabia ironía, y a Rubén Darío, por su ínclito y ubérrimo gusto por las esdrújulas.

Hablamos de esta anécdota en la Primera Época de El Cartapacio.

Feliz día, mamá

Mai, mira-me as mans;
las trayo buedas,
lasas d’amar…
Son dos alas
d’un biello pardal
que no puede
sisquiera bolar.

Mai, mira-me os guellos,
n’o zielo perdius
n’un fondo silenzio…
Son dos purnas
chitadas d’o fuego
que no alumbran
ni matan o chelo.

Mai, mira-me l’alma
aflamada de sete,
enxuta d’asperanza..
Ye un campo labrau
an no i crexen qu’allagas
que punchan a bida
dica qu’a matan.

Mai, mira-me a yo.
Me reconoxes, mai?
Fue o tuyo ninon…
Guei so un ome
que no se como so.
Mai, me reconoxes?

Mai, ni sisquiera tu?!!

La traducción en castellano es la siguiente:

Madre,
mírame las manos,
las traigo vacías,
faltas de amor;
son dos alas
de un viejo gorrión
que no puede
siquiera volar.

Madre,
mírame los ojos,
en el cielo perdidos
en un hondo silencio,
son dos chispas
saltadas del fuego
que no alumbran
ni matan el hielo.

Madre,
mírame el alma,
agostada por la sed,
reseca sin esperanza;
es un campo arado
donde sólo crecen aliagas
que pinchan la vida
hasta matarla.

Madre,
mírame a mí;
fui tu niño,
hoy soy un hombre
que no sé cómo soy.

Madre,
¿ni siquiera tú!

Dedicado a dos mamás fabulosas: la de mi hijo, y la mía. ¡Qué suerte tenemos!.

Conocí esta canción hace años, de la mano de Marimar y -creo recordar- de la de Nacho. Gracias :*

Antonio Machado, un adelantado a su tiempo

El otro día, leyendo estos versos de Antonio Machado, no pudimos evitar dirigir el pensamiento a los políticos actuales (seguramente se podrá aplicar también a otros ámbitos de la vida, desde luego).

Discutiendo están dos mozos
si a la fiesta del lugar
irán por la carretera
o campo traviesa irán.
Discutiendo y disputando
empiezan a pelear.
Ya con las trancas de pino
furiosos golpes se dan;
ya se tiran de las barbas,
ya se las quieren pelar.
Ha pasado un carretero,
que va cantando un cantar:
“Romero, para ir a Roma,
lo que importa es caminar;
a Roma por todas partes,
por todas partes se va”

Demasiadas veces nos entretenemos en discusiones y peleas, en lugar de pensar en recorrer nuestro camino.

Sino a quien conmigo va

Desde bien pequeño me ha fascinado este romance y su misterio. Ahora lo escucho desde la voz azul de Amancio Prada y llegan a mí recuerdos del libro de lectura del colegio, de desayunos con prisas, de ir y volver a clase de la mano de mamá, aprendiendo más en esos caminos que en la propia escuela, de olor a gomas Milán, a bocadillos de jamón York para el recreo, de sueños ya cumplidos y de sueños por cumplir. El mérito, entre otros, del Conde Arnaldos:

Por tu vida, el marinero / dígasme ora ese cantar.
Respondióle el marinero / tal respuesta le fue a dar:
Yo no digo mi canción / sino a quien conmigo va.