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Versos haré, de Guilhem de Poitiers y José Ignacio Cordero

Hoy os voy a contar la terrible aventura que un buen hombre sufrió en sus recorridos por el Limousin, con unos cuantos ingredientes muy interesantes: la capacidad de narrar historias de Guilhem de Poitiers, la magia de José Ignacio Cordero, la picardía y el mal actuar de un par de mujeres, las andanzas de los caminantes y un poco -o un mucho- de sexo.

Versos haré, que el sueño va
venciéndome y me tumbo al sol.
Mujeres hay de mala fe,
y os diré cuáles:
las que un amor de hombre de pro
lo hacen achares.
No es gran pecado que mujer
a hombre de bien le dé su amor;
pero, si es fraile o clerigón,
ya es indecente
y habría que, con un tizón,
quemarle el dengue.

Esos versos, preámbulo de la aventura que vamos a descubrir, dejan bien claro que las malas de esta historia van a ser ellas. Una historia que comienza con un caminante encontrándose con dos mujeres:

Por Francia, allá del Lemosin,
con mi esclavina, solo, a pie,
topé con la mujer de Andrés
    y la de Amando;
con cortesía y devoción
    me saludaron.

Cuando ellas se dan cuenta (o él les hace creer, que todo es posible) que es mudo…

Dice la una en su latín:
“Peregrino, guardeos Dios.
De buen arnaz me parecéis
por lo presente;
mas por el mundo andar se ve
tan mala gente”.
Oiréis lo que le respondí:
que no solté ni fu ni fa
ni cucú dije, ni tras-tras,
sino tan solo
“Babaribol, babaribol,
balbulibobo”.

…urden un plan para su placer a costa del buen caminante:

“Hermana,” dice a Herminia Inés
lo que buscamos, velo aqui” .
“Hay que albergarlo, hermana, sí,
que a fe que es mudo:
nuestro asunto jamás por él
lo sabrá el mundo”.

Plan que ponen en práctica con notable éxito, pero antes es necesario comprobar si es verdad que es mudo:

Bajo el manto una me metió,
y en su cuarto, junto al hogar,
me fue, sabedlo, santo y bien:
viva la llama,
y de grado me calenté –
con buenas brasas .
Perdiz me dieron a comer,
que a bien que hubo más de dos ,
sin cocinero o ministril,
solos yo y ellas;
fue bueno el vino, blanco el pan,
mucha pimienta.
“Hermana, este hombre astuto es,
finge, por dárnosla, no hablar.
traigamos al momento aquí
al gato rojo,
que al punto hará que hable, si es
que es mentiroso”.
Por el mal bicho fue la Inés.
grande era y bigotudo asaz,
de que entre nos lo vi. me entró
susto tan grande
que a poco si perdí el valor
y los alardes.

Una vez comprobado, pasan a lo previsto:

Tras bien beber y bien comer,
por mor de ellas me desnudé,
me echan el gato por detrás,
traidor maligno;
me lo arrastran del costillar
hasta el tobillo;
por el rabo le tiran, y él
araña como Fierabrás;
llagas me hicieron más de cien
en ese trance;
mas no me muevo yo ni un tris,
así me maten.
"Hermana," dice a Herminia Inés
"es mudo: bien se deja ver"-
"Hermana, al baño hay que avivar
y al regodeo".

Nos cuenta el buen trovador cuántos días y cuántas veces:

Días ocho estuve y aún más
en tal rodeo.
Las jodí veces las que oiréis,
ciento ochenta y ocho en total,
que por poco rompo el arnés
y la correa
y no os cuento el mal que de allí
me traje en prenda.

Y aquí llega el momento sublime de la venganza; muy felices se las prometían Inés y Herminia, contando con que su fechoría jamás sería conocida:

De mañana juglar irás
con mis versos en el zurrón
derecho a la mujer de Andrés
y a la de Amando
y les dirás que por favor
maten al gato.

El grupo Espliego, en su disco Cortes de Amor, nos regala esta joya (y otras muchas más). Os recomiendo escucharlo, os va a encantar.