Canción de amor número 2

Hoy os presento -a quienes no la conozcáis- esta bellísima joya de Amancio Prada, creada en los años setenta del pasado siglo, pero que hunde sus raíces y participa del intenso erotismo del Cántico Espiritual y del Cantar de los Cantares.

Yo tiritaba de frío
mojado por todas las lluvias
de todos los niños pobres,
de todos los mendigos.
Y tú, volcán de miel.

Yo que estaba solo al fin,
en medio de tanta gente,
buscándote, buscándote.
Y tú, como un bosque lleno de pájaros.

Llévame oculto en tu pelo,
llévame en tu cabello,
llévame junto a tus senos,
llévame.

Repósame en tus colinas amorosas,
llámame a tu fuente
donde el placer es húmedo
y corre, gacela blanca.

Tú que conoces mi cuerpo
por todos los caminos dulces
trazados con tus dedos
y con tu boca.

Lumbre de mis ojos,
cansados de luchar con la niebla,
heridos mis pies de tanto caer,
de tanto caer.
Comeré sonrisas de tu árbol.

Y como Amancio Prada es música que brota de la poesía, o poesía que brota de la música, os dejo aquí también este vídeo.

Como curiosidad final, os comentaré que la canción de amor número 1 existe… pero deben conocerla muy pocas personas. 🙂

Las misericordias, vía de escape para la imaginación

Muchos de los coros de las iglesias y catedrales medievales, donde los monjes entonaban sus cantos a Dios, albergan unos inesperados motivos bajo sus asientos.

Dichos asientos tenían dos posiciones diferentes (como los de muchos cines y salas de actos), según el monje estuviera sentado o de pie. Cuando estaban de pie, y debido a que podían pasar varias horas en esa postura, se apoyaban en el propio asiento, en un saliente llamado «misericordia».

Por su parte, los tallistas y escultores de aquella época tenían como principal cliente a la Iglesia y, por ende, tenían pocas oportunidades de crear obras a su antojo. Así que usaron las ocultas misericordias como vía de escape para su imaginación, y no es extraño observar misericordias con motivos eróticos o incluso pornográficos.