El Ángelus, de Jean-François Millet

En primer plano, la pareja de campesinos que interrumpen sus labores para bajar su mirada y elevar su corazón recordando el saludo de arcángel San Gabriel a la Virgen María. Entre medias, el campo; al fondo, el pueblo, en el que destaca el campanario de la iglesia cuya campana podemos oír llamando a la oración.

Esta pequeña obra (66cm x 55.5cm), que podemos encontrar en el Museo de Orsay, en París, tiene una segunda interpretación, que fue potenciada sobre todo por Salvador Dalí, a quien el cuadro generaba una extraña incomodidad. Según él mismo nos cuenta, por su insistencia, el museo realizó una radiografía y, en donde vemos la cesta, se ve un objeto que podría ser un pequeño ataúd. Los campesinos estarían celebrando el entierro privado de su bebé, fallecido antes de ser bautizado.

De Jean-François Millet – Google Art Project: Home – pic Maximum resolution., Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=20110808

Sea como fuere, nos encontramos ante una obra maestra de Millet, verdadero especialista en escenas rurales. La próxima vez que disfrutéis de París, os recomiendo que os acerquéis al Museo de Orsay.

El chimpancé pintor

Hoy os voy a hablar de Congo, un chimpancé al que le encantaba pintar. Y no solamente le encantaba, sino que lo hacía realmente bien. Sus obras fueron comparadas con las de Kandinsky y compradas por Miró o Picasso.

Se le dejaba total libertad y se realizaron diferentes experimentos, para comprobar que su obra no obedecía al puro azar. Por ejemplo, si se le interrumpía y, al cabo de un tiempo, se le permitía volver a pintar, continuaba donde lo había dejado. (Como es natural, si se le interrumpía, nuestro artista se molestaba).

¿Sabéis cuál es -a mi entender- el detalle más significativo y uno de los factores que hizo que las obras de Congo fueran excepcionales? Que, saltándose todas las normas habituales de experimentos con animales, el etólogo que llevó a cabo estos experimentos (Desmond Morris) le dejó total libertad en su proceso creativo, como decía. Total libertad: No se utilizaron con él premios (ni, por supuesto, castigos).

¿De verdad no hemos aprendido nada de este experimento? Sin premios ni castigos, un mono crea obras del nivel de los grandes de la pintura.