Gordias, Alejandro Magno y Fernando el Católico

De Jean-Simon Berthélemy - kzu.ch, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=49570

Gordias, rey de Frigia por azares del destino, ató su lanza y su yugo con un nudo que no dejaba ver los extremos de la cuerda. Y como los griegos nunca rechazan la oportunidad de crear una leyenda, se pasó a decir que quien pudiera deshacer ese nudo conquistaría el Oriente.

Alejandro Magno, que se dirigía a conquistar el Imperio Persa, quiso (o le quisieron) enfrentarse al reto del nudo. Con su espada lo deshizo, y con un «Es lo mismo atarlo que desatarlo». Es decir, «Tanto monta», lema de Fernando el Católico (en cuyo escudo aparece esa cuerda cortada).

Se ha completado en muchas ocasiones la frase, dejándola en un «Tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando», pero no deja de ser un añadido popular, que nada tiene que ver ni con el nudo, con Gordias, con Alejandro o con Fernando.

Diógenes, el cínico

«El insulto deshonra a quien lo infiere, no a quien lo recibe».

Esta gran verdad es atribuida a uno de los hombres más especiales que han existido: Diógenes. Contaré las dos anécdotas más conocidas, que ilustran perfectamente la forma de pensar y la estatura moral de este hombre:

Se dice que recorría -en pleno día- las calles de Atenas, con un farol, buscando a un hombre. Un hombre digno de tal apelativo, un hombre honesto. Esto me recuerda (aunque daría para otro post) a lo que buscan las personas de mi generación cuando están en busca de pareja (una búsqueda mucho más exigente que la de dos décadas atrás, por otra parte).

La otra anécdota nos cuenta que el bueno de Diógenes se encontraba tumbado y el gran Alejandro Magno, acercándose a él, le preguntó qué deseaba. La respuesta fue tan rotunda como inmediata: «apártate, quiero que me dé el sol». Cuando los acompañantes de Alejandro reprocharon aquella respuesta, recibieron también una dosis de sabiduría de parte de su señor: «Si no fuera Alejandro, querría ser Diógenes».