Alekséi Stajánov, el “creador” del estajanovismo

El estajanovismo fue un movimiento obrero cuyo objetivo fundamental era aumentar la productividad laboral. Consiguieron su objetivo no trabajando más, sino trabajando mejor (más organización, impedir que las personas realizaran labores por debajo de su preparación, etc).

El nombre de “estajanovismo” se acuñó tras una hazaña realizada por el minero Alekséi Stajánov: lo normal era recoger aproximadamente unas siete toneladas en la jornada de seis horas (una tonelada de carbón por hora), él recogió 102 toneladas. Unos meses después batió su propio récord, recogiendo 227 toneladas.

Obviamente, fue tomado por el gobierno como modelo para los demás trabajadores.

¿Bin Laden o Ben Laden?

Nos encontramos con estas dos formas de referirnos a Osama Bin/Ben Laden. La más extendida (por influencia de Estados Unidos, seguramente), es la opción “Bin”. Pero, ¿qué recomienda la RAE?. Pues ni una, ni otra: lo correcto sería escribir Usama Ibn Laden. La Real Academia admite que, si se quieren unificar los criterios, debería utilizarse la forma “Ben”.

“Ben” significa “hijo de”, del mismo modo que el sufijo “ez” en español, el “Van” holandés o alemán, y tantos otros.

Lo he leído en la revista Muy Interesante:

La Ley del Talión

Habitualmente usamos la expresión “Ojo por ojo, diente por diente” de forma muy peyorativa (y, ciertamente, en la sociedad actual lo es). Sin embargo, esta frase, y la ley que resume (la Ley del Talión), no siempre tuvo las connotaciones negativas que ahora le atribuimos y, en su momento, supuso un gran avance para evitar la venganza: por primera vez se indicaba que el castigo debía ser proporcional al delito cometido.

El Código de Hammurabi, que aplicaba la Ley del Talión a casos concretos, data del año 1792 a.C. Aunque no siempre se aplica la reciprocidad exacta, sí en algunos casos. Me quedo con el artículo 230 que, de tan exacto, raya en el absurdo (la transcripción es mía):

Si un arquitecto construye una casa para otro, no la hace sólida, y la casa construida se derrumba matando al hijo del propietario, se matará al hijo del arquitecto.

¡Tontolaba!

Cuando alguien es tonto de solemnidad, se suele utilizar la expresión “tontolaba” para dirigirse a él. El origen de esta palabra tenemos que buscarlo en los roscones de Reyes. En estos roscones se esconde un regalo y una haba. Aquel a quien le toque el regalo, es afortunado y será rey por un día, pero aquel a quien toque el haba… pues le tocará pagar el roscón o fregar los platos.

Sí, efectivamente: es el tonto del haba.

Juan Pablo II, beato

Como seguramente sabréis, ayer se beatificó a Karol Wojtyla, que fue papa con el nombre de Juan Pablo II. Publico hoy este post porque ayer era el Día de la Madre, y las mamás tienen siempre prioridad :).

Lógicamente, se ha hablado y escrito, alabado y criticado la figura de Juan Pablo II. Aquí os voy a poner algunas frases suyas sobre temas muy diferentes, que creo que nos pueden ayudar a entender el punto de vista de este hombre y de la Iglesia. Seguramente encontraréis algunas muy sorprendentes (las preguntas son mías, las citas -no literales- son de Juan Pablo II):

¿Está la iglesia a favor de la teoría de la evolución o del creacionismo?

El creacionismo es una forma de paganismo; la teoría de la evolución ha demostrado sobradamente que es algo más que una teoría.

¿Debe la religión condicionar la forma de gobernar un estado?

Un estado moderno no puede hacer del ateísmo o de la religión su forma de gobierno.

¿Debería vender la Iglesia sus bienes para dar dinero a los pobres?

Pertenece a la enseñanza y a la praxis más antigua de la Iglesia la convicción de que ella misma, sus ministros y cada uno de sus miembros están llamados a aliviar la miseria de los que sufren cerca o lejos no sólo con lo superfluo, sino con lo necesario.

Este tema -de si la Iglesia debe vender o no sus bienes- es un debate común entre los cristianos (y, curiosamente, entre los no cristianos también) y sin duda daría para un post completo. Posiblemente genera más dinero mantener esos bienes que venderlos, así que quizá la venta no sea una buena forma de ayudar a los pobres.

¿Qué actitud tiene la Iglesia con respecto a la lactancia materna?

En concreto, afirmamos que las madres necesitan tiempo, información y asistencia. Se pretende tanto de la mujer en numerosas sociedades, que no siempre dispone de tiempo para la lactancia y los primeros cuidados. A diferencia de otros métodos de alimentación nadie puede sustituir a la madre en esta actividad natural. Además, la mujer tiene derecho a ser informada correctamente sobre las ventajas de esta práctica, así como sobre las dificultades que presenta en algunos casos. También habría que apoyar y formar adecuadamente a los profesionales de la asistencia sanitaria para que ayuden a las mujeres en estas cuestiones.

He escogido esos cuatro puntos (ciencia, política, economía y lactancia) porque me parecen especialmente interesantes y porque la opinión “oficial” de la Iglesia parece distar mucho de la opinión que la gente de la calle pensamos que tiene la Iglesia.

Feliz día, mamá

Mai, mira-me as mans;
las trayo buedas,
lasas d’amar…
Son dos alas
d’un biello pardal
que no puede
sisquiera bolar.

Mai, mira-me os guellos,
n’o zielo perdius
n’un fondo silenzio…
Son dos purnas
chitadas d’o fuego
que no alumbran
ni matan o chelo.

Mai, mira-me l’alma
aflamada de sete,
enxuta d’asperanza..
Ye un campo labrau
an no i crexen qu’allagas
que punchan a bida
dica qu’a matan.

Mai, mira-me a yo.
Me reconoxes, mai?
Fue o tuyo ninon…
Guei so un ome
que no se como so.
Mai, me reconoxes?

Mai, ni sisquiera tu?!!

La traducción en castellano es la siguiente:

Madre,
mírame las manos,
las traigo vacías,
faltas de amor;
son dos alas
de un viejo gorrión
que no puede
siquiera volar.

Madre,
mírame los ojos,
en el cielo perdidos
en un hondo silencio,
son dos chispas
saltadas del fuego
que no alumbran
ni matan el hielo.

Madre,
mírame el alma,
agostada por la sed,
reseca sin esperanza;
es un campo arado
donde sólo crecen aliagas
que pinchan la vida
hasta matarla.

Madre,
mírame a mí;
fui tu niño,
hoy soy un hombre
que no sé cómo soy.

Madre,
¿ni siquiera tú!

Dedicado a dos mamás fabulosas: la de mi hijo, y la mía. ¡Qué suerte tenemos!.

Conocí esta canción hace años, de la mano de Marimar y -creo recordar- de la de Nacho. Gracias :*

Buena suerte, señor Gorski

Cuando Neil Armstrong volvió al módulo lunar tras su paseo por la luna, pronunció unas palabras tremendamente enigmáticas: “Buena suerte, señor Gorski”. Jamás quiso indicar qué significaba aquello, lo cual dio origen a un buen número de especulaciones, siendo la más aceptada la de que se trataba de un mensaje a algún astronauta soviético.

Hace poco, en una rueda de prensa, fue el propio Armstrong el que sacó el tema:

Ahora que el señor Gorski ha fallecido, puedo contar a qué se refería esa expresión. Hace muchos años, cuando yo era un chaval, estaba jugando al béisbol con un amigo, y la pelota se nos fue a la casa de la familia Gorski. Salté la valla para recogerla, y oí a la señora decirle a su marido: “¿Sexo oral? ¿Quieres sexo oral? ¡Tendrás sexo oral cuando el hijo del vecino se pasee por la luna!”

Desafortunadamente, los registros de la NASA del viaje a la luna no hacen mención alguna del mensaje de Neil Armstrong, así que lo dejamos ubicado dentro del apartado de Leyendas urbanas. Pero hay que reconocer que es una leyenda muy buena.

El origen del nombre de “Las Vegas”

Nos situamos en las primeras décadas del siglo XIX. En concreto, en el año 1829. El comerciante Antonio Armijo, junto con el explorador Rafael Rivera, estaban buscando una nueva ruta comercial entre Santa Fe (Nuevo México) y Los Ángeles, cuando llegaron a una zona de manantiales, extrañamente fértil en aquel desierto. Así que decidieron llamarlo “Las Vegas”.

Hoy no es una ciudad que viva especialmente de su fertilidad, como todos sabemos, sino del juego.

Buena puntería, Sergio 😉

¿Por qué las tapas se llaman tapas?

Como para casi todo, existen varias versiones para esta historia. Os contaré una de ellas: se dice que, estando el rey Alfonso XIII de visita oficial en Cádiz, pasó por una venta -hoy restaurante- y pidió una copa de vino de Jerez. Como ese día había viento, el camarero tuvo la idea de “tapar” la copa con una loncha de jamón, para que no entrara arena en la copa. Cuando acabó el vino, el Rey pidió una nueva copa, pero “con una tapa como la anterior”.

Lo cierto es que ya desde tiempos de Alfonso X el Sabio (s. XIII) se acostumbra a acompañar el vino con algo de comer, por disposición del propio rey, preocupado por los vinos que se subían a la cabeza de sus súbditos.

Conocí el origen de la expresión gracias a eseCeErre (en el mundo offline), y la versión de Alfonso XIII gracias a chelucana (en Twitter).

Sobre el aprendizaje de idiomas

Esto que describo es una teoría que se me ha ocurrido sobre cómo aprendemos idiomas. No soy un erudito -ni siquiera un aficionado- en esa materia, así que seguramente estoy equivocado. Pero expondré aquí mis argumentos.

¿Cuántas palabras nuevas has aprendido en los últimos -por ejemplo- cinco años? Muchas, ¿verdad? Sin ir más lejos, términos como “facebook” o “twitter” no formaban parte de tu vocabulario hasta hace muy poco tiempo. Seguro que si nos ponemos a pensar un poco encontramos un buen número de palabras que se han incorporado a nuestro vocabulario de forma completamente natural, sin problemas de pronunciación y sin problemas de memorización.

Por otra parte, tengo la bonita suerte de ver cómo mi hijo va incorporando palabras de otros idiomas a su vocabulario también de forma natural.

Sin embargo, todos (bueno, muchos) sabemos lo complicado que es aprender idiomas siendo mayores. ¿Por qué? Creo que la causa es que, cuando aprendemos idiomas a edades avanzadas, intentamos -erróneamente- traducir los términos a nuestra lengua materna, en lugar de aprenderlos de forma natural como términos nuevos que son. Intentamos ver el paralelismo con los idiomas ya conocidos. Y eso es lo que nos bloquea e impide el avance. Un niño de pocos años no hace eso. Aprende que “gato” se dice “gato” y se dice “cat”, del mismo modo que más tarde aprenderá su nombre científico, o cualquier sinónimo de esa palabra.

También sabemos -y decimos- que la mejor forma de aprender un idioma es irse a un país donde se hable ese idioma. ¿Por qué? Porque no nos queda más remedio que tomarlos como términos nuevos, y dejamos la comparación con nuestra lengua materna para más adelante.

El resumen de este post: creo que la dificultad con el aprendizaje de los idiomas tiene relación con esa errónea búsqueda de paralelismo. Deberíamos ver siempre todo como palabras nuevas, en lugar de palabras equivalentes a otras que ya conocíamos. ¿Os parece razonable?