¿Quieres cambiar el mundo? Comienza por hacer tu cama.

No es una metáfora, advierto. El adolescente no quiere hacer la cama, y pierde, al evitar un acto tan sencillo, la oportunidad de comenzar el día habiendo hecho algo, pierde la oportunidad de tener su habitación -su mundo, en muchos casos- ordenada; pierde, en fin, la oportunidad de dar bien el primer paso del día. Encima, de regalo, pasa la tarea -con alta probabilidad- a su madre. Y, subyaciendo a todo, esa excusa de para qué hacer algo que dentro de poco se va a deshacer. O para qué hacer algo que nadie va a ver hecho, en el caso de personas que viven solas.

El adolescente, por supuesto, puede acabar convirtiéndose en un joven que no hace la cama, el joven en adulto (y tal vez en un mal ejemplo para quienes lo rodean).

Conclusión: haz tu cama y demostrarás -y te demostrarás- que tu mundo puede ser un poco mejor. Y, por tanto, que el mundo puede ser un poco mejor.

Haz tu cama a partir de ya, amigo. (Por cierto, ¿nos pasa más a los varones lo de no hacer la cama?)

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