Las abarcas desiertas

Por el cinco de enero,
cada enero ponía
mi calzado cabrero
a la ventana fría.

Y encontraban los días,
que derriban las puertas,
mis abarcas vacías,
mis abarcas desiertas.

La infinita belleza de este poema de Miguel Hernández muestra con absoluta nitidez la terrible situación de pobreza que vivían muchos niños de aquella (y, por desgracia, también de esta) época. De regalo, este poema nos enfrenta a una injusticia «imaginaria» (los reyes traen regalos a unos y no a otros) que tiene su reflejo directo en la injusticia real (unos niños tienen recursos y otros no).

Por el cinco de enero,
para el seis, yo quería
que fuera el mundo entero
una juguetería.

Y al andar la alborada
removiendo las huertas,
mis abarcas sin nada,
mis abarcas desiertas.

Os dejo con esta versión de «Banda Inaudita». Una joya.

Para ti, Papá, que te encanta este poema y esta versión musicada.