Costa, usted no vale para juez

La fecha: muy señalada, 24 de diciembre, Nochebuena. Las acusadas: un pequeño grupo de mujeres. El delito no lo recuerdo con nitidez, pero creo que tenía relación con haber cogido unas almejas incumpliendo alguna norma. Así que el responsable las detuvo y les garantizó, volcando sobre ellas toda su ira, que no pasarían la Nochebuena con sus familias.

Y en el calabozo iban pasando las horas, avanzando la tarde camino de esa noche tan mágica. El desánimo cundía entre las mujeres hasta que vieron que apareció por allí el Juez de Paz. Si había alguna oportunidad, era hablando con aquel buen hombre. Lo llamaron y él, por supuesto, se acercó a hablar con ellas. Le contaron que tenían familia, que sólo eran unas almejas, que aquella noche era una noche especial. Y el señor Juez lo tuvo claro: «haremos lo siguiente: esta noche la pasáis en vuestras casas, pero mañana a primera hora necesito que estéis aquí». El asentimiento generalizado no se hizo esperar.

Desafortunadamente, la primera acción de las mujeres fue ir a la casa del que las había detenido, para hacerle saber que esa noche sí iban a estar con sus familias.

Y a la mañana siguiente el Juez de Paz, mi querido abuelo, fue -lógicamente- llamado a reunirse por su superior, si no fuera porque cortó rápidamente cualquier posibilidad de discusión:

– Costa, usted no vale para juez.
– Eso ya lo sabía yo.