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Psicología

El experimento de la cárcel de Stanford

Es este uno de esos experimentos que nos hacen cuestionar la humanidad de la Humanidad y que reafirman el dicho de que «el hombre es un lobo para el hombre» (aunque está claro que los lobos no harían jamás esto).

El doctor Zimbardo seleccionó a 24 personas de las 70 que respondieron a un anuncio en los periódicos. Los seleccionados se repartieron en dos grupos, al azar. Unos serían los prisioneros. Otros, los guardias.

Los prisioneros fueron despojados de sus vestiduras y debían llevar, solamente, una bata, unas sandalias de goma, una media en la cabeza para simular que su cabeza estaba rapada, y una cadena en sus tobillos que les recordara su papel. A los guardias se les dotó de uniforme militar, porras, y gafas de espejo. Los guardias fueron brevemente instruidos: debían gobernar la prisión como consideraran conveniente, pero sin ejercer la violencia física.

El resultado no pudo ser más revelador sobre cómo es el ser humano: en ocasiones se prohibía a los prisioneros ir al lavabo, se los dividió en «buenos» y «malos», se impedía a los «malos» dormir en colchones; se les negaba la comida, se les obligaba a mantener relaciones sexuales. Un prisionero (el número 416) inició una huelga de hambre; se le obligó a sostener la comida que había rechazado comer. Los actos crueles eran más intensos cuando los guardianes pensaban que las cámaras no funcionaban.

Durante los seis días que duró el experimento, accedían investigadores para observar el experimento. De las más de cincuenta personas observadoras, solamente una, Christina Maslach, puso en duda la moralidad de aquel experimento. A raíz de su intervención, el experimento fue cancelado. Zimbardo y Maslach son ahora esposos (desconozco si tenían alguna relación cuando se realizó el experimento).

Lo más terrible de este experimento es que la decisión de si una persona era guardián o prisionero se tomó al azar. Es decir, que posiblemente el experimento hubiera ofrecido los mismos resultados si se hubieran cambiado los papeles.