Tras haber nacido en el sobrecogedor circo glaciar de Fuente Dé, el río Deva, en su camino hacia el Cantábrico, forma este desfiladero en el macizo de Ándara.
Como siempre sucede al contemplar la naturaleza, es inevitable, necesario y sano sentirse ínfimos ante su grandeza. Desde la orilla del Deva se alzan paredes de más de 600 metros de altura.
Si visitáis -o pasáis- por aquí, os recomiendo disfrutar también de la Senda Mitológica del Monte Hozarco -Jozarcu- y del mirador de Santa Catalina, de los que ya hemos hablado en este vuestro blog. No será raro que podáis ver rebecos y buitres. Y, con suerte, algún oso pardo.
Os dejo las palabras de Benito Pérez Galdós sobre este desfiladero:
Llaman a esto “gargantas”; debiera llamarse el “esófago de la Hermida”, porque al pasarlo se siente uno tragado por la tierra. Es un paso estrecho y tortuoso entre dos paredes, cuya alta cima no alcanza a percibir la vista”.
“el rumor del río, lento, igual siempre, monótono, acompaña todo el tránsito, y se le oye como la respiración de aquel abismo, cuyos hondos pulmones mueven una y otra corriente de aire en las cañadas angostas, cual las sendas de la virtud».
