En estos tiempos de urgencias y prisas, la forma de escribir de Victor Hugo -su cuidado por los detalles, sus precisas (y extensas) descripciones, su forma de mostrarnos a las personas- es más necesaria que nunca.
En esta extensa novela no hay personajes: hay personas. Como nosotros, con sus luces, con sus sombras, con sus grises. No hay héroes -o todos lo son, si se quiere-, del mismo modo que tampoco hay villanos.
Nos muestra un mundo lleno de injusticias… que, incómodamente, se parece demasiado al nuestro.
Leerlo nos enseña humanidad, nos enseña calma, y nos enseña a ver, con ojos asombrados, aquel mundo que en realidad nunca ha dejado de ser el nuestro.
Os dejo una reflexión para que la interioricéis y la comentéis con vuestro entorno: ¿es Jean Valjean un delincuente, o simplemente una persona intentando hacerlo lo mejor posible?