Tocamos hoy un tema poco habitual en este vuestro blog: no la sexualidad, sino esta mirada tan poco delicada. Iba a decir “tan vulgar”, pero no podemos decir eso si hablamos de Espronceda (aunque realmente no hay certeza de si fue él el autor).
Un carajo impertérrito, que al cielo
su espumante cabeza levantaba,
y coños y más coños desgarraba,
de blanca leche encaneciendo el suelo.En su lascivo ardor, cual Monjibelo,
nunca su seno túrjido saciaba
y con violento empuje penetraba
hórridos bosques de erizado pelo.Venció a la humanidad; quedó rendida
la fuerza mujeril: más él, sediento
siempre, y siempre con ansia coñicida.Leche despide, y mancha el firmamento,
dejando allí su cólera esculpida
del carajo en eterno monumento.
Que queremos saber quién era Monjibelo, supongo. Es un nombre por el que se conoce al volcán siciliano Etna. Y esa referencia a la mancha que deja en el firmamento es, ni más ni menos, la Vía Láctea.