Díselo

Queremos, adoramos a nuestros hijos. Pero muchísimas veces caemos en el error y en el horror de no decírselo a menudo. Las palabras con las que nosotros -los padres- nombramos a nuestros hijos, sus virtudes y sus defectos, acaban conformando la imagen e idea mental que ellos tienen de sí mismos.

Así que cuidemos, y mucho, esas palabras.

Estamos construyendo una vida.

Esta entrada fue publicada en El Cartapacio. Guarda el enlace permanente.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Time limit is exhausted. Please reload CAPTCHA.