Tres preguntas (y sus respuestas) sobre la crucifixión

Tradicionalmente (al menos en los países de tradición cristiana) nos imaginamos la crucifixión realizada sobre una cruz… con forma de cruz y con clavos en manos y pies. Bien, esto no era así o, al menos, no era siempre así.

¿Cómo era la cruz?
Había varios tipos diferentes de cruces: una que consistía en un palo vertical (y sí, se llamaba cruz), otra que tenía forma de T, y una tercera con forma de cruz. El palo horizontal recibía el nombre de patibulum (de donde nos ha llegado la palabra patíbulo). El palo vertical se llamaba stipes.

Crux Immissa

¿Dónde se clavaban los clavos?
En primer lugar, hay que decir que no siempre había clavos. En ocasiones simplemente se ataba al reo a la cruz. Existen varias teorías sobre el lugar donde iban los clavos: parece que se ubicaban entre los huesos de la muñeca; también se sugiere que podrían ir en la palma (aunque no está claro si podrían soportar el peso de una persona, pese a que algún experimento indica que sí); una tercera ubicación sería en el antebrazo, entre el cúbito y el radio.

¿De qué morían los crucificados?
También aquí nos encontramos varias teorías. La más consistente habla de asfixia: al estar colgado de los brazos, es necesario hacer un esfuerzo de levantar el cuerpo para tomar aire, apoyando los pies (por esto quebraban las piernas de los crucificados al cabo de un tiempo). También podían morir desangrados, por infecciones o por insolación.