Creo que por primera vez en trece años de carrera profesional, hoy he llegado tarde a una reunión. La impuntualidad es algo que detesto (y que, afortunadamente, tolero mucho más en los demás que en mí).
Cada vez que somos impuntuales, estamos transmitiendo lo siguiente:
- soy un desastre, no sé organizar ni mi vida; por favor, no confíes en mí. Evidentemente, si no somos capaces de cumplir con una hora pactada, es que tenemos serios problemas de organización.
- tu tiempo no me importa en absoluto. La persona que ha quedado con nosotros a una hora ha organizado su horario para poder cumplir con nosotros: quizá no ha podido llevar a su hijo al colegio, quizá ha cancelado otra reunión... y nosotros le demostramos que eso no nos importa en absoluto.