Para ser un experto necesitamos 10.000 horas

A comienzos de los años 90 del siglo pasado, el psicólogo Anders Ericsson, junto con dos colegas, puso en marcha un experimento que cambiaría la forma de pensar de muchos (entre los que me incluyo). Dividió a los estudiantes de violín de la Academia de Música de Berlín en tres grupos, según su calidad:

  • las estrellas: estudiantes que iban a triunfar como solistas en el mundo de la música.
  • los simplemente buenos: estudiantes que quizá se ganarían la vida dando conciertos, pero sin llegar a ser super estrellas.
  • los de nivel más bajo: estudiantes que no se van a ganar la vida tocando profesionalmente y que acabarían como profesores de música.

A todos se les hizo la misma pregunta: “¿cuántas horas has dedicado al violín en tu vida?”. El resultado fue revelador y asombroso: los estudiantes del primer grupo habían dedicado unas 10.000 horas; los del segundo, 8.000 horas; los del tercero, unas 4.000.

¿No os parece asombroso?. Nadie tan brillante que, sin dedicar las 10.000 horas, pudiera estar en el primer grupo. Nadie tan torpe que, habiendo dedicado 10.000 horas, pertenezca al tercero.

Más o menos todos habían comenzando a la misma edad (cinco años), y habían dedicado las mismas horas semanales en esos primeros años. Pero, poco a poco, se iban creando las diferencias: los que eran un poco mejores acababan tocando más, dando más conciertos, dedicando más horas.

Corolario: el trabajo es el que nos hace llegar a la excelencia.

Me enteré de este experimento (y de otras cosas muy interesantes, de las cuales quizá siga hablando en el blog), leyendo el libro “Fueras de serie (outliers)”, de Malcolm Gladwell. Gracias, papás :).