Adam Rainer, la única persona que padeció enanismo y gigantismo

Hoy os hablaré de un curioso caso, la única persona (conocida) que padeció, a lo largo de su vida, enanismo y gigantismo, enfermedades hormonales.

Cuando tenía 21 años medía 1.18 metros; un tumor en la hipófisis hizo que comenzase a crecer y, diez años después, con 31 años, medía 2.18 metros. Falleció a los 51 años, midiendo 2.34 metros.

Leí por primera vez sobre Adam Rainer en Microsiervos.

Y sí, es posible

Minhaj Gedi Farah tenía siete meses cuando llegó, desnutrido y enfermo, al hospital del IRC en Dadaab. Tres meses de cuidados, varias transfusiones, y un complejo alimenticio obraron el milagro.

Minhaj Gedi Farah (del blog Thoughts on the passing scene)

Obviamente, salvar a un niño desnutrido no es acabar con el hambre en el mundo. Pero debería ayudar a convencernos de que sí, es posible.

La lactancia y los dientes… de leche

Desde hace unos años, como los que me conocéis sabéis, han pasado a interesarme muchísimo todos los temas relacionados con embarazo, crianza y cuidado de los hijos. El motivo clave fue el nacimiento de nuestro hijo, obviamente.

Conforme he ido aprendiendo, he ido admirando más y más la lactancia materna, de la cual no he hecho más que descubrir virtudes. Salvo en una cosa, que puede ser de interés para papás con bebés: si el bebé se queda dormido al pecho (lo cual es muy habitual, además de muy natural) y no se le cepillan los dientes después, existe la posibilidad de que se produzca una desmineralización del esmalte de los dientes (la lactosa es la culpable). Esto afecta sobre todo a la parte externa de los incisivos superiores, a donde llega menos la saliva.

Desde que supimos esto (tenemos una odontóloga maravillosa como profesional y como persona, además de defensora -y practicante- de la lactancia materna) estuve con la sensación de que “no es posible” que algo tan natural pueda tener un efecto negativo.

De forma independiente nos enteramos -leyendo un artículo de hace unas semanas sobre cuál sería la duración “normal” de la lactancia- de que los primates abandonan la lactancia cuando les nacen los primeros molares permanentes. De repente, vimos una posible explicación a todo: no pasa nada por “estropear” la primera dentición, ya que tendremos otra de “repuesto” y, por otra parte, le vimos mucho sentido a que los primeros dientes se llamen dientes “de leche” (es decir, los dientes que tenemos durante la lactancia).

Gracias, Marta.

Actualización (2011-07-28): desde luego que no quiero indicar ni sugerir que no haya que preocuparse del cuidado de los dientes de los bebés. Todo lo contrario, claro que sí hay que preocuparse. Simplemente estoy intentando aportar una explicación de cómo la Naturaleza resuelve esto.
Actualización (2011-08-01): Añado esta información proveniente de Marta, nuestra odontóloga (mil gracias de nuevo):

En lo que no puedo estar de acuerdo es en lo que comenta Carlos de que
“no pasa nada por estropear la primera dentición”: a pesar de que la
Naturaleza tiene “repuesto”, los dientes de leche es importante
mantenerlos sanos hasta su recambio porque la caries es una enfermedad
infecciosa que podría causar dolor e inflamación a nuestros peques,
alteración a los definitivos –al menos a su colocación por la pérdida
de espacio- problemas estéticos, de alimentación, fonológicos …