No, los dictadores no surgen del cariño

Últimamente estoy leyendo demasiados argumentos apoyando la teoría de que “de padres consentidores nacen hijos tiranos”. Obviamente, yo no estoy en las vidas de todas las familias, pero no conozco a nadie, absolutamente a nadie, que le consienta todo a sus hijos. Para bien o para mal, todos tenemos que decir “no” decenas de veces cada día. Esos noes, por supuesto, deben estar argumentados (por el bien de los hijos, por el bien de los padres, y por el bien de la relación a corto y -sobre todo- a largo plazo). Y me duelen especialmente, porque he oído argumentos de ese estilo al juez Emilio Calatayud, persona a la que admiro y que en muchísimos casos ha demostrado un gran sentido común. También a Pedro García Aguado (Hermano mayor), que se enfrenta a situaciones tremendamente complicadas.

No sé cuáles son los casos de esos “padres consentidores”, de los cuales nacen hijos tiranos. Lo que sí sé es que de padres violentos surgen almas completamente dañadas:

Hitler dijo que, de niño, era azotado a menudo por su padre. Años más tarde le dijo a su secretaria: «Entonces tomé la decisión de no llorar nunca más cuando mi padre me azotaba. Unos pocos días después tuve la oportunidad de poner a prueba mi voluntad. Mi madre, asustada, se escondió en frente de la puerta. En cuanto a mí, conté silenciosamente los golpes del palo que azotaba mi trasero».

El comportamiento de su padre en casa fue autoritario, rayando la violencia, siempre malhumorado, no admitía que se le contradijese, y los cuatro hermanos —Francisco [Franco] en menor medida, dado su carácter retraído y apocado— sufrieron lo que hoy se consideraría malos tratos.

No tengo nada más que añadir, Señoría.

(Las citas las he tomado de la Wikipedia)

El muro de México a vista de dron

Lo primero que pensó Jonathan Lee, profesor en la ciudad de Tecate, cuando escuchó que Trump quería construir un muro fue: ¿será más grueso? ¿estará electrificado? ¿tendrá dos pisos?. Porque él, cada día al abrir los ojos, lo primero que ve es la placa metálica, ocre y oxidada que levantó Bill Clinton en 1994 a 20 metros de su cama.

Origen: Fotos: El muro de México a vista de dron | Internacional | EL PAÍS

Siempre que aparece un tema relacionado con fronteras me viene a la mente las preciosas y certeras palabras de Carl Sagan sobre ese “punto azul pálido” que es el planeta Tierra, colgado en el infinito.

Un viaje en el tiempo al Toledo de hace siglo y medio

En 1872 el fotógrafo Juan Bautiste Laurent y Minier registró en sus fotografías los lugares más emblemáticos de la ciudad imperial. 140 años después, en 2012, José María Moreno Santiago recorrió los pasos del maestro para mostrarnos con nuevos ojos los mismos viejos rincones. El resultado se puede contemplar en este vídeo:

Déjame que te cuente, de Fran Zabaleta

Hace unas pocas semanas descubrí a Fran Zabaleta y a sus vídeos. Este escritor, gran conocedor de la historia gallega, nos obsequia con unos vídeos que son una auténtica delicia. De verdad, si eres gallego o turista en Galicia (y aunque no seas ninguna de las dos cosas), te recomiendo disfrutar de la serie de vídeos “Déjame que te cuente” en la que Zabaleta recorre varios lugares de importancia histórica y nos deleita con sus explicaciones. Por ahora (enero 2017) ya tenemos el Facho de Donón, el monte Lobeira, el campamento romano de Porto, la fortaleza perdida de Castrelo de Miño, la laguna de Antela y Pena Corneira. Son todos los vídeos muy breves, lo cual los convierte en doblemente buenos.

El ángel rojo

Su nombre era Melchor Rodríguez García, y fue el último alcalde republicano de Madrid. Este anarquista detuvo las sacas de presos que se realizaban en Madrid, que terminaban con fusilamientos masivos en Paracuellos del Jarama. Se calcula que salvó la vida a más de 12.000 personas y veló por los derechos de los presos en las cárceles. Finalizada la guerra, no tuvo ningún beneficio especial y fue condenado a muerte. En ese juicio se produjo una situación curiosa (pero lógica). Habiendo preguntado el juez si alguien tenía algo que alegar, el general Muñoz Grandes (al que Melchor había salvado la vida) intervino en su favor, mostrando un listado de miles de personas que también debían la vida a el ángel rojo. Finalmente, esa pena de muerte fue anulada.

A su entierro, ya en el tardofranquismo (1972) acudieron, como no podía ser de otra manera, personas de ambos bandos: cruz sobre el féretro, bandera anarquista cubriéndolo, y sonando el himno de “A las barricadas”.

Se puede morir por las ideas, pero nunca matar por ellas.

(Melchor Rodríguez García, el ángel rojo)

Nuestra memoria histórica debería tener siempre presente a personas como Melchor.

Placa a Melchor Rodríguez García.JPG
De CarlosVdeHabsburgoTrabajo propio, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=38865212

En busca de la santidad

Este mapa nos indica los lugares de Europa que tienen la palabra “santo” (en cualquier lengua) en su nombre:

Ml3AzC

Me parece muy destacable -que no sorprendente- el caso de Galicia. ¿A qué creéis que se debe? Se me ocurren algunas razones: nuestra propia idiosincrasia, la cercanía de Santiago o el menor influjo musulmán (711-1492) con respecto a otras regiones de la península. Por otra parte, esa zona de mayor “santidad” no abarca estrictamente Galicia, sino que también incluye Asturias y desde Lisboa hacia arriba. ¿Qué comentarios tenéis al respecto?

Experimento Stuka

De todos es conocido el bombardeo de Gernika, durante la Guerra Civil española. Tras él, Franco pidió a los alemanes que no volvieran a bombardear objetivos civiles (o, al menos, objetivos que no estuvieran en la línea del frente). Desafortunadamente, eso no se cumplió, y cuatro pueblos de El Maestrat, en Castellón, fueron bombardeados. Los niños pensaban -en su inocencia- que lo que soltaban los aviones no eran bombas, sino paja. Ahora se está realizando un documental que pretende mostrarnos la triste realidad de todo aquello.

Tristes guerras, si no es amor la empresa.

Diógenes, el cínico

«El insulto deshonra a quien lo infiere, no a quien lo recibe».

Esta gran verdad es atribuida a uno de los hombres más especiales que han existido: Diógenes. Contaré las dos anécdotas más conocidas, que ilustran perfectamente la forma de pensar y la estatura moral de este hombre:

Se dice que recorría -en pleno día- las calles de Atenas, con un farol, buscando a un hombre. Un hombre digno de tal apelativo, un hombre honesto. Esto me recuerda (aunque daría para otro post) a lo que buscan las personas de mi generación cuando están en busca de pareja (una búsqueda mucho más exigente que la de dos décadas atrás, por otra parte).

La otra anécdota nos cuenta que el bueno de Diógenes se encontraba tumbado y el gran Alejandro Magno, acercándose a él, le preguntó qué deseaba. La respuesta fue tan rotunda como inmediata: “apártate, quiero que me dé el sol”. Cuando los acompañantes de Alejandro reprocharon aquella respuesta, recibieron también una dosis de sabiduría de parte de su señor: “Si no fuera Alejandro, querría ser Diógenes”.

La Virgen de Tentudía

La historia es la misma, aunque los escenarios cambian según quién cuente la historia. La línea común es la siguiente: en una batalla entre cristianos y musulmanes, viendo que la noche se venía encima y que eso dificultaba la victoria cristiana, estos invocaron a la Virgen, con la expresión “¡Detén tu día!”. La Virgen -no podía ser menos- detuvo el día y los cristianos vencieron.

Esta historia se cuenta, al menos, en la comarca de Tudía (Extremadura) y en Clavijo (La Rioja).

¿Por qué la Plaza Roja se llama así?

Todos hemos oído hablar de la impresionante Plaza Roja de Moscú. Y la asociación inmediata que hacemos con su nombre nos lleva al comunismo. Pues no. No tiene relación con el comunismo. Ni tampoco con que el color rojo sea dominante en esa plaza.

Su nombre proviene de la palabra Красная, que en ruso antiguo significa “bonita”… y en ruso actual “roja”. Ese adjetivo de “bonita” se lo pusieron, en primer lugar, a la catedral de San Basilio y, posteriormente, a toda la plaza.

Es decir, la Plaza Bonita.